Los populistas llegan al Congreso con un bebé bajo el brazo

Los populistas llegan al Congreso con un bebé bajo el brazo

Es desolador contemplar a la manada de pollinos que apoyan a Podemos. Una auténtica legión que rebuzna las barbaridades más groseras que nuestra democracia recuerda, y que profesan una lealtad incondicional al chavismo: a prueba de alianzas con Bildu, desprecios al pacto antiyihadista e incluso a la financiación corrupta y deleznable de la teocracia iraní. Son, sin ninguna duda, el bloque más denso de personas que se han juntado nunca en España: se mueven al son de La Internacional sin rechistar y, como buenos comunistas, no cuestionan nada porque no piensan nada. El votante de Podemos realmente es el analfabeto del siglo XXI, y como las pulseras baratas, viene en muchas formas y colores: los hay viejos y jóvenes, trabajadores y parados, productivos y parásitos; sin más denominador común que la oquedad que ocupa la mayor parte de sus oxidados cerebros. La última muestra de esta triste realidad es la ilusión con la que han caído en la trampa sucia y demagoga de Carolina Bescansa y su ‘nanny’ oficial, Pablo Iglesias.

Que la diputada Bescansa se haya plantado en las Cortes de España con un bebé de seis meses, el día de la votación de investidura del Presidente del Congreso de los Diputados, a la que ella era candidata, es una astracanada histórica que engrosa la lista de las más estrambóticas ocurrencias de nuestra clase política. Por un lado, se ha publicado que el Congreso de los Diputados dispone de una guardería para los hijos de los diputados, por lo que Carolina Bescansa no tenía ninguna necesidad de asistir con su hijo al pleno. Por otro lado, es insultante que la nueva diputada pretenda hacernos creer que no tiene absolutamente nadie a quién confiarle el cuidado de su hijo durante un par de horas: ¿No podía su marido? ¿No podía algún militante amigo? ¿Una amiga del colegio? ¿La abuela del bebé? ¿Un ujier de la institución parlamentaria? Aún de ser así, en cuyo caso compadezco a la diputada por estar tan sola en esta vida, es más que evidente que con los jugosos sueldos que esta venus de la neocasta cobrará de diputada, cobra en la universidad y cobra en Podemos tiene de sobra para darle 20 eurillos a la hija de una vecina por el favor; especialmente cuando hablamos de quién viene de una familia-bien-de-toda-la-vida de Santiago de Compostela, cuyo abuelo fundó los laboratorios farmacéuticos que llevan su apellido, y donde no faltará para contratar a una niñera por horas.

20160113-635882789117476179_20160113105217-kSpD--572x377@LaVanguardia-WebUna vez que esta señora que ha decidido ponerse a procrear a una edad provecta -45 castañas tiene la moza-, constata que no había absolutamente nadie bienintencionado que pudiese impedir la presencia de un neonato en la Cámara Legislativa de la Nación, la co-fundadora de Podemos tenía que dejarle el niño a Pablo Iglesias… ¡Qué casualidad! De los 69 diputados que sienta su partido en el Parlamento, no había nadie más a mano que ¡Oh, sorpresa, el Secretario General del partido! Para poner esto en contexto, imagínense que un futbolista del Real Madrid cuya mujer acaba de dar a luz no encuentra en los prolegómenos de un encuentro en el Bernabéu a nadie que le tenga al niño, y acaba soltándoselo ¡¡a Florentino Pérez!! Ni un utillero, ni un amigo, ni el de las bebidas, ni el delegado de campo, ni nadie de su familia y amigos, ni su agente, ni su mujer, ni su jefe de prensa, ni ningún empleado del club… No, el hipotético futbolista tiene que soltarle al pequeño al Presidente del Club, para que lo luzca en el Palco de Honor como si aquello fuese una piscina de bolas.

¿Es casualidad que el bebé de Carolina Bescansa acabase en manos del más interesado en limpiar su imagen pública, en estos días en que nos enteramos de lo bien que vive Iglesias con el apoyo de una de las dictaduras religiosas más crueles de todos los tiempos?

No, no lo es: es una obviedad como la Catedral de Toledo que esta mujer no tenía ninguna necesidad de llevarse a una sesión plenaria del Congreso a su hijo, y que no tenía más intención que alimentar las enfermas pasiones y defectuosas mentes de quienes han dejado que el 2016 les pille en calzoncillos, apoyando a esta gentuza. Lo peor no es la imagen en sí, que es lamentable e impropia de las Cortes Generales de una de las naciones más avanzadas del mundo, pero que no deja de ser una burda demostración del populismo más rancio que tanto dominan en la América del Sur, lugar del que lo han importado estos dementes.

Lo peor es el machismo asqueroso de esta tipeja que ha lanzado un misil a la línea de flotación de la dignidad de las mujeres:

La lucha por la igualdad entre personas de distinto género pasa por conseguir que los hombres se comprometan a cargar con las responsabilidades domésticas tanto como sus esposas; el hecho de que incluso en uno de los momentos más trascendentes de su vida, en el que podía ser nombrada Presidenta del Congreso y, en todos los casos, diputada nacional, el marido de Carolina Bescansa no arrimase el hombro para ayudarla a sacar adelante al hijo de ambos solo nos llena de vergüenza como sociedad. Sin embargo, sospecho que el marido de la susodicha estaba más que dispuesto a tenerle al niño -o algún otro familiar- y que es la diputada comunista la que ha insistido en meter al niño en el Salón de Plenos para utilizarle como cebo mediático. Se me ocurren mejores motivos para tener un hijo, camarada. También hay que denunciar la manera nauseabunda en la que la política chavista ha pisoteado las reivindicaciones de todas las mujeres que demandan una mayor conciliación laboral, y que en En Tres Vuelcos apoyamos sin fisuras: la conciliación exige pasar más tiempo en el entorno de nuestros hijos, es decir en el hogar, en el parque, en el circo… Obligar a nuestros hijos a venir al trabajo -o sea, a nuestro entorno- es el sueño de cualquier empresario avaro que puede así justificar la imposición de jornadas de trabajo cada vez más largas, cuando lo que necesita un niño son dos progenitores que pasen tiempo en casa, y no un único progenitor que lo tenga todo el tiempo en su mundo, concretamente en el escaño del Congreso.

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Siempre que me pregunto de donde sacan estas ideas los empleados de los ayatolás, acabo dándome de bruces con el hombre que consiguió quebrar el país con más reservas petrolíferas del mundo. El mundo es un pañuelo.

Creo que, exceptuando a los indigentes intelectuales que siguen apoyando a la franquicia española del comunismo venezolano dos años después de su llegada y en pleno siglo XXI, ha habido consenso en que la actitud de Bescansa ha sido despreciable y patética, incluso entre los colectivos feministas: despreciable porque se ha valido de su hijo y de su condición femenina para su propio beneficio, aún a riesgo de devaluar las honorables y legítimas pretensiones de las mujeres. Patética porque en un edificio que cuenta con guardería gratuita y ascensor, se ha empeñado en subir el carrito por las escaleras delante de la prensa y meter al bebé en el Pleno, en el que además no ha tenido -casualidades de la vida- más ayuda a mano, de entre todos los diputados y empleados de la Cámara, que la de su jefe Pablo Iglesias. Patético, vergonzoso, lamentable. Un ridículo ofensivo y triste. Una patochada histórica.

PD: Sepa el lector que cuando afirmo que “los populistas llegan al Congreso”, solo me estoy refiriendo a los chavistas: populismo en el Congreso ha habido siempre por cortesía del PSOE; no olvide que Zapatero habló de ‘brotes verdes’, Felipe González se hizo el sueco con los GAL, Bibiana Aído fue ministra -y varias más-, el Presidente del Congreso Patxi López “tiene menos títulos académicos que Homer Simpson”, en palabras de A. Basagoiti (PP), y con los mismos estudios José Montilla presidió la Generalitat y Pepiño Blanco fue Ministro de Fomento. El populismo desbordante del PSOE se resume muy bien en el despido del Ministro de Cultura, César Antonio Molina, por “falta de glamour y motivos de paridad” y en estas frases: 

“Conmigo, cualquiera puede ser ministro” –José Luís Rodríguez Zapatero (PSOE) Presidente del Gobierno

Uno no es Ministro por méritos propios ni por currículum académico“- ‘Pepiño’ Blanco (PSOE) Ministro de Fomento

 Y recuerden la lección que nos enseñan la madre del niño y el ‘coletudo’ que se lo cuida:

Mejor vivir de Irán, que vivir en Irán

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Pablo Iglesias cobró 9 millones del Gobierno de Irán a través de paraísos fiscales

 

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Comments

  1. Pedro Crespo : enero 13, 2016 at 6:14 pm

    ¡Dan asco! No hay dictador sin su foto haciéndole carantoñas a algún niño. Debiera ser una señal que disparase automáticamente la aversión popular. A los niños que los acaricie su madre y los políticos que acaricien tratados de Derecho, de Economía Política o que se acaricien lo que les plazca, pero que dejen a los niños en paz. Es desolador ver cómo progresivamente las emociones se van apoderando de la gente y van haciendo retroceder al razonamiento lógico, frío y desapasionado (inhumano si se quiere ver así). Las emociones están cerca de los instintos (tanto las positivas como las negativas) y, privadas del freno de la razón, pueden hacer que los seres humanos acaben en un comportamiento zoológico (crímenes en el ámbito individual, guerras en el ámbito colectivo). Tras el desahogo y el dolor que la catástrofe provoca, vuelve a imponerse la fría razón y vuelta a empezar. Quiera Dios que no haga falta llegar a la crisis catártica y que las emociones (estoy pensando en la manada de imbéciles de toda condición social e intelectual que apoyan a los ranciocomunistas de Podemos hagan lo que hagan, digan lo que digan, se fotografíen con quien se fotografíen) retrocedan y vuelvan a equilibrarse con la razón: los argumentos, los hechos comprobados, la prudencia ante lo complejo….

    • Guildenstern : enero 13, 2016 at 6:20 pm

      Te lo tomas muy a pecho, Perico. Yo creo que a esa foto lo que le corresponde es un pie de foto con el famoso diálogo del que presumía Cela:

      — Don Camilo (Don Pablo, en este caso), ¿le gusta mi niño?
      — Si señora, ¡yo como de todo!

  2. Casandra Món : enero 13, 2016 at 6:27 pm

    No sabía que Bescansa era de la familia del laboratorio farmaceútico (que sí conozco y del que soy cliente). Me ofenden especialmente los pijiprogres. No tienen la disculpa del analfabetismo, ni de la escasez material. No son más que un hatajo de consentidos irresponsables. Y con sus tonterías y sus miserias morales son capaces de sumir a todo un pueblo en la miseria absoluta, sin el menor cargo de conciencia, sin el menor sentido de la responsabilidad.

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