Las prioridades del Presidente

Las prioridades del Presidente

Mariano Rajoy es, tiempo ha, el máximo exponente de la decrepitud de nuestra clase política: el Presidente representa lo peor de esa vieja política que simboliza el declive de la ética en nuestro tiempo. ¿Cómo puede el Presidente de la Nación negarse a debatir con los demás candidatos? ¿Por qué aceptamos como normal lo que bajo ningún parámetro democrático lo es? Es sencillamente inaceptable que alguien que aspira a presidir el Consejo de Ministros y encabezar la Administración española rehuya la opción de exponer sus ideas en público, y lo sería en todos los casos, pero es aún más grave en el caso del señor Rajoy.

Es grave porque Rajoy se arroga la capacidad de gobernar mejor que nadie y dice ser el único líder que puede tener el PP. Desde su llegada a la Secretaría General del Partido Popular hace ya más de una década, se ha caracterizado por imponer sus ideas y a su gente sin el más mínimo debate; ha destacado como un líder implacable y autoritario que ha cortado la cabeza de cuantos han osado discrepar. En estas, las cuartas elecciones generales a las que concurre como candidato del PP, ha acallado cualquier debate respecto a su idoneidad como candidato y cualquier rumor de sucesión bajo la máxima de que él y solo él podía liderar el partido.

Y bien, un líder puede ser mejor o peor, pero en todos los casos debe liderar. Rajoy no lidera: mandar a la vicepresidenta Sáenz de Santamaría al frente de batalla mientras él se refugia en la retaguardia es una acción tan indefendible que ni siquiera sus más serviles aduladores (Jorge Moragas a la cabeza) podrán justificarlo. Rajoy queda severamente tocado ante sus militantes, que no creen en él, y ante sus votantes, que nunca lo hicimos y solo le votamos porque el PSOE parecía querer perder. Rajoy va a ganar las elecciones generales de diciembre, y lo va a hacer con un resultado miserable que deslegitima las acciones de su Gobierno a lo largo de la última legislatura: la gestión económica es innegablemente mejor que la de sus antecesores y casi con seguridad mejor que la de los candidatos de PSOE y Podemos. Y sin embargo, casi la mitad de sus electores van a castigar al PP que con mano de hierro Rajoy dirige, por haber utilizado su mayoría absoluta para gobernar a golpe de Decreto-Ley, influir en la Justicia en perjuicio de unos y beneficio de otros, manosear el Consejo General del Poder Judicial (un poco más si cabe) y, en general, aparcar una regeneración democrática que era necesaria y posible con el enorme poder que él y su equipo tan mal han gestionado.

Esta negativa a debatir es una falta de respeto a los ciudadanos y una muestra más de la cobardía, la cerrazón y el autoritarismo con los que Mariano Rajoy gobernó, gobierna y aspira a seguir gobernando. El Presidente que solo leía el Marca no tiene tiempo de contarnos sus planes y compararlos con los de sus rivales, pero le alcanza para comentar los partidos del Madrid en la COPE, charlar con Bertín Osborne la semana que viene y con María Teresa Campos dentro de dos. Curioso orden de prioridades, Presidente; no se enfade si no le damos prioridad el 20-D.

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