La corrupción valenciana empuja a Rajoy al abismo

La corrupción valenciana empuja a Rajoy al abismo

Rajoy debe dimitir. Ya no hay más opciones. Siempre ha sido un lastre que se lo ha puesto muy difícil al PP, pero ahora es directamente un yunque que arrastra a España al abismo. La detención de Alfonso Rus y sus secuaces ayer debe poner fin al protagonismo que Mariano Rajoy obtuvo de manos de José María Aznar al término de su segunda legislatura. Desde aquellas elecciones de 2004 hasta el momento actual han pasado 12 años en los que Mariano Rajoy no ha dejado ni por un solo segundo, de ser la peor opción posible del PP. Cualquier otro candidato hubiera sacado mejor resultado que él en 2004, y en 2008, y en 2011 y, por supuesto, el 20 de diciembre del 2015; y sin embargo el adusto y gris político gallego sigue atornillado al sillón, ajeno a la debacle que viven su partido y su país.

Ha habido en estos doce años muchas ocasiones en las que Mariano Rajoy debió dimitir: tras las segundas elecciones que perdió contra Zapatero, después de cada batacazo electoral a partir de las últimas elecciones al Parlamento Europeo, y por supuesto cuando los españoles supimos de su tierno “Luís sé fuerte, te llamo mañana”. Ha habido muchos escandalazos que debieron acabar con la carrera política de este hombre, como el numerito del Pequeño Nicolás, que parecía tener hilo directo con miembros de su Gobierno, o la noticia de que la sede del PP en la calle Génova se ha reformado con dinero negro; y está fuera de toda duda que por el bien de su partido y de España, el candidato popular a las últimas Elecciones Generales no debió ser él, puesto que cualquier otro hubiera obtenido un resultado mejor: más electores habrían optado por El Dioni, por Carmen de Mairena o por Celia Villalobos que los que lo hicieron por Mariano Rajoy. Su recurrente argumento, de que “soy yo porque me han votado a mi”, con el que justifica su perenne liderazgo del Gobierno y el partido es irritante y grosero, puesto que no hay nadie en España que no se de cuenta de que se ha votado a los populares A PESAR de Mariano Rajoy, no gracias a él.

Llegados a este punto, creo que es imperativo que Mariano Rajoy dimita, como digo, a raíz de los últimos casos de corrupción que azotan al PP y nos avergüenzan a todos: ha estallado una nueva trama de corrupción en el PP valenciano que afecta a la Comunidad Autónoma, el Ayuntamiento de Valencia y la Diputación Provincial valenciana, se ha imputado al PP en la destrucción de pruebas -ordenadores, concretamente- del Caso Bárcenas, ha reaparecido Rodrigo Rato ante los Tribunales de Justicia, hemos visto a altos cargos del PP sentados en el banquillo del Caso Nóos y ha salido a la luz la corrupción en la empresa pública Acuamed, que ha provocado la dimisión de la mano derecha de la Vicepresidenta Sáenz de Santamaría, y compromete al ex-Ministro de Agricultura, Miguel Arias Cañete. Todo esto en un mes, enero, que aún no ha acabado. Ha sido duro aprender de las corruptelas del partido gobernante cuando el país crecía y tenía un Gobierno estable, pero en esta tesitura en la que necesitamos desesperadamente un Gobierno moderado de entendimiento y diálogo que pare los pies a los chavistas y nos permita retomar la senda del crecimiento y la reforma constitucional, es del todo inaceptable que Mariano Rajoy siga en su sitio un solo día más. O el marianismo acaba aquí, o España se va a la mierda.

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Es innegable que el gran culpable de que España esté sufriendo de nuevo la desconfianza de los mercados y viva bajo la amenaza del populismo es Pedro Sánchez, cuyo comportamiento atenta contra las más básicas nociones de democracia de las naciones desarrolladas; pero Rajoy, que intenta quedar de bueno haciendo ver su disponibilidad para pactar y dialogar, no le va a la zaga, puesto que tal disponibilidad no es tal: Rajoy se tiene que ir, y empiezo a preguntarme si Pedro Sánchez no hace bien en exigírselo. Sánchez traiciona a España al compadrear con separatistas y chavistas, y será recordado por ello, pero si accede a pactar con un PP sin Rajoy nos habrá hecho un gran favor a todos, ya que el sistema caudillista de poder por el que se rige el PP, además de rozar el esperpento impide el funcionamiento democrático del partido. La gran incógnita es si el obstáculo para que PSOE y PP alcancen el deseado pacto es la figura del Presidente Rajoy o si, por el contrario, la determinación de Sánchez de echarse en manos de la franquicia española de la dictadura iraní es firme. Sea como fuere, hay que explorar todas las vías posibles de entendimiento antes de dejar que nuestro país se convierta en la tiranía populista que desea -siempre- la ultra izquierda, hoy que Caracas ya es oficialmente la ciudad más violenta del mundo, habiendo superado a la hondureña San Pedro Sula en tasa de homicidios intencionados por 100,000 habitantes. Hoy, precisamente hoy, que la dictadura venezolana se hunde un poco más, es imperativo dar muestras claras de que no queremos lo mismo para un país que ha alcanzado en apenas un siglo las cotas más altas de progreso de su historia.

Y bien, hoy la salvación nacional pasa por la dimisión de Mariano Rajoy por dos motivos simples: le odia la izquierda y le odia la derecha. Vamos, que no le queremos ninguno. Para el votante del PP ha sido una experiencia traumática tener que apoyar la candidatura del hombre que se contradijo en materia de aborto, que liberó a Bolinaga y otro centenar de etarras, utilizó su mayoría absoluta para gobernar a golpe de Decreto Ley, manoseó el Consejo General del Poder Judicial y Radio Televisión Española, hizo caso omiso del clamor popular para reducir el tamaño del sistema autonómico, mantuvo la Ley de Memoria Histórica y, por lo general, demostró un desprecio absoluto por propios y extraños, que ha llevado a la oposición a cerrar filas en su contra, y a ilustres liberales a abandonar el PP -Santiago Abascal, José Antonio Ortega Lara, María San Gil, Francisco Álvarez-Cascos y otros- . Además, ha ninguneado a José María Aznar y sus partidarios y ha propiciado el desgajamiento de la plataforma conservadora-liberal por la derecha -VOX- y por la izquierda -Ciudadanos-. Ha sido una gestión realmente pésima que ha dejado en el paro a muchos compañeros de partido de Rajoy, que han perdido escaños, concejalías, diputaciones, alcaldías y cargos de todo tipo, además de haber enfurecido al electorado conservador y liberal, que no confía en ni respeta a Mariano Rajoy y le ha dado la espalda en Europeas, Municipales, Autonómicas, Catalanas y, finalmente, Generales.

El pacto moderado está ahí, no es tan complicado: lo quiere el PP y lo quiere Ciudadanos, e incluso en el tercero en discordia lo quieren los barones territoriales de las grandes federaciones socialistas -Javier Fernández, Susana Díaz, Guillermo Fernández-Vara y Emiliano García-Page- así como los dirigentes históricos del partido -Felipe González, Alfonso Guerra, Joaquín Leguina, José Luís Corcuera, Joaquín Almunia, Javier Solana, Alfredo Pérez Rubalcaba, José Bono- y los grandes comentaristas de centro-izquierda, como Juan Luís Cebrián. Los grandes obstáculos son Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, pero mientras el primero está dispuesto a pactar con el segundo, éste exige la dimisión del primero, lo cual además es justo porque al fin y al cabo Pedro Sánchez no ha tolerado durante doce años un sinfín de delitos al erario público como los cometidos por los subordinados de Rajoy. Con dos partidos y medio a favor del pacto, es evidente que hay que convencer al medio restante, lo cual no puede ser tan complejo pero, obviamente, exige de gestos contundentes e inequívocos que transmitan la voluntad del PP tanto de dialogar y ceder como de hacer una política más apropiada a los nuevos tiempos que la que ha tolerado Rajoy en Valencia, Madrid y Baleares.

Por lo tanto, la conclusión es que la dimisión de Rajoy solo traería consecuencias positivas: facilitaría al PP iniciar una muy necesaria labor de reconstrucción que pasa por un cambio de cara y personas que permitiría a sus electores tradicionales volver a confiar en el partido, dándole a éste la pujanza y relevancia que ha perdido. Ante el PSOE, un centroderecha renovado con caras que no figuren en los expedientes que manejan los jueces allanaría el camino hacia un entendimiento que posibilite la resolución de la situación de bloqueo político e institucional que sufre la nación, y haría posible que tanto PSOE como Ciudadanos justificasen ante sus votantes el pacto con un partido cuyo ‘expediente’ las últimas dos décadas está trufado de manchas negras pero que es, sin embargo, necesario para que España evite caer en manos de quienes pretenden dejar la deuda sin pagar, sacarnos del euro y someternos a la voluntad de las peores dictaduras del mundo. El PP es necesario para que en España se imponga el orden constitucional, el respeto a la Ley y las políticas liberales que generan riqueza y crean empleo, pero esto no puede hacerse con Mariano Rajoy al frente. Incluso sí se llegase a dicho acuerdo, nacería cojo, porque ya es inevitable recordar todos los casos de corrupción que salpican al Presidente cada vez que se oye su nombre, y es ineludible vincularle a infinidad de los acontecimientos que han arrastrado a la política por el fango y que ahora pretendemos dejar atrás.

Si Mariano Rajoy no lleva a cabo este ejercicio de responsabilidad democrática estará demostrando un ego colosal, que antepone a los intereses y necesidades de la nación y los españoles. Si Rajoy no dimite, entrará por la puerta grande en el panteón de los peores dirigentes de toda la historia de España; se estudiará como en un momento de máxima tensión, que exigía un compromiso firme con la unidad nacional y una mayor voluntad de estar al servicio del país, Mariano Rajoy antepuso su ego desmedido y su afán ciego de ostentar un poder que no le corresponde, aún a sabiendas de que con ello propiciaría una catástrofe para todos.

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Comments

  1. No veo a Rajoy dimitiendo, la verdad. Ni a ninguno de los otros líderes. La política, no sólo en España, sino en general en todas partes, es cada vez más un fulanismo (término que denunciaron los de la generación del 98 en tiempos de la república): la población se agrupa en torno de unos líderes, no de unas ideas económicas, sociales ni políticas que requieren más esfuerzo intelectual que la simple adhesión emotiva a un caudillo. No dimitió Rosa Diez, no van a dimitir Rajoy, ni Sánchez. De modo que la restauración de :”el orden constitucional, el respeto a la Ley y las políticas liberales que generan riqueza y crean empleo”, que es lo más importante, se va a demorar. Y lo digo con dolor

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