Cataluña exige el apoyo unánime de los españoles a nuestras Fuerzas Armadas

Cataluña exige el apoyo unánime de los españoles a nuestras Fuerzas Armadas

Desde el fallecimiento de Francisco Franco, y con especial virulencia a partir de la promulgación de la Constitución Española de 1978, la sociedad española ha maltratado, humillado y ofendido a sus Fuerzas Armadas. Este 2016 serán ya treinta y ocho los años transcurridos desde la aprobación del Texto Constitucional, momento desde el cual no ha habido freno en el ritmo de reducción de nuestro Ejército: presupuestos cada vez más reducidos, bases cada vez más vacías y promociones cada vez más pequeñas. Material más antiguo, vehículos con más kilómetros y sobre todo; una población cada vez más contraria a la idea de tener un estamento militar amplio y poderoso.

Pues en En Tres Vuelcos tenemos algo que decir: las fuerzas de defensa que componen el Ejército de Tierra, la Armada Española y la Fuerza Aérea Española son la gran institución de la humanidad. Lo voy a repetir: las Fuerzas Armadas Españolas son la institución más importante de todos los tiempos. España tiene la fuerza naval en activo más antigua del mundo, una de las primeras divisiones de combate aéreo y uno de los más prestigiosos ejércitos terrestres de la historia. A nivel internacional, los militares españoles son responsables de la gran proeza de la humanidad: el descubrimiento del continente americano. No hay un rincón de este planeta que no esté poblado por tumbas españolas porque no hay lugar en el mundo donde nuestros soldados no hayan dado la vida en defensa de la libertad y los valores de nuestro país. No hay un solo lugar en el mundo donde las personas honradas no hayan encontrado en un militar español a un amigo; independientemente de cualquier otro factor, allá donde se han encontrado nuestros soldados se han erigido en adalides de la justicia y la bonhomía, y hoy podemos decir orgullosos que la bandera de España siempre ha sido el escudo de los humildes. Un escudo impecable y honroso que representa a quién da de comer al hambriento, de beber al sediento. Un escudo que simboliza la presencia de las fuerzas del bien, que llevan la esperanza a los desesperados y el amparo a los desamparados. La bandera bajo la cual las escuadras de la patria, en cada momento de la historia han combatido con honor, al servicio de la nación y de todas las naciones del mundo siempre que estas persiguiesen el progreso en libertad. Llegado este momento de la historia, los españoles podemos decir orgullosos que repelimos la invasión musulmana de Europa cuando esta parecía segura, que derrotamos al poderoso ejército de Napoleón cuando parecía imposible hacerlo y que fuimos la primera nación en oponerse frontalmente al comunismo cuando parecía que se extendería imparablemente por el mundo. Llegados a este punto, podemos decir que en cada momento de la historia, allá donde el bien ha combatido al mal, los militares españoles estuvieron del lado del primero y llevaron las convicciones de nuestro pueblo hasta las últimas consecuencias. El legado de nuestras Fuerzas Armadas es, por lo tanto, inconmensurable y propio de un pueblo orgulloso y colosal que tras el paso de fenicios, tartessos, romanos, cartagineses, moros, ingleses y franceses, ha conservado su independencia y su libertad, para lo que ha tenido que regar su tierra y las de los demás con la sangre de centenares de miles de inocentes que en el transcurrir de los siglos han dado la vida para que hoy los españoles seamos un pueblo libre y soberano, que se relaciona en el idioma de sus antepasados, y que perdona pero no olvida el sufrimiento titánico que nuestros enemigos nos han infligido y exigido para conservar la grandeza de nuestro anciano reino, la nación más antigua de Europa.

A nivel nacional, en las últimas décadas considero que nuestros militares han debido soportar con encomiable estoicismo todo tipo de agresiones por parte del pueblo al que sirven y que no ha sabido reconocer la necesaria contribución de la institución castrense al progreso logrado. Es intolerable que una más que considerable porción de la sociedad española relacione de manera permanente y dolorosa a nuestros militares con un fascismo del que nunca han formado parte. Es asqueroso escuchar a la franquicia chavista en España decir que “hay que democratizar y desmilitarizar a las Fuerzas Armadas”, porque nuestros militares han observado los principios democráticos con la más absoluta fidelidad, aún cuando los asesinatos por parte de la escoria vasca con la que los comunistas compadrean se sucedían con carácter semanal. Nuestros militares respetan la democracia con la mayor convicción, evitan pronunciarse incluso cuando se les falta groseramente al respeto y se resignan en silencio a recibir un presupuesto menguante que amenaza seriamente su supervivencia, la presencia española en las plazas coloniales del norte de África y la seguridad nacional en su conjunto. Tenemos uno de los Ejércitos más democráticos y comprometidos con el progreso de la nación del mundo entero, y sin embargo persisten -e incluso aumentan- quienes se empeñan con asociarlo a comportamientos cruentos y despreciables que nuestros héroes no han llevado a cabo ni ahora ni en ningún momento de la historia.

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Capitanía General de Barcelona, con los balcones engalanados con banderas de España, con motivo de la Pascua Militar la semana pasada.

A base de machacar, amenazar, ofender y agredir a nuestros militares, los comunistas y sus mayordomos -el PSOE tradicionalmente- pretenden disuadir al Ejército de cualquier intervención futura, incluso cuando ello signifique eludir el mandato constitucional que recibieron por parte del pueblo español en 1978. Debo reconocer que este incansable ejercicio de amedrentar al organismo castrense puede haber surgido efecto, pues éste no ha mostrado hasta el momento ninguna oposición al rol que estos le presuponen en el conflicto catalán, que pasa por permanecer ajenos al mismo. No obstante, el artículo 8.1 de la Constitución Española dispone que “las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”, una orden tajante que no deja resquicio para la duda: llegado el momento, nuestro Ejército deberá intervenir en Cataluña si los separatistas no pliegan velas. Es de capital importancia que este hecho sea sabido, asumido, aceptado y apoyado por el conjunto de los españoles. Lo voy a repetir: es fundamental que el grueso de la sociedad española apoye a nuestro Ejército si, llegado el caso, se hace imperativa su intervención para enfrentar el golpe de Estado en Cataluña en observancia de su mandato democrático consagrado en nuestra Carta Magna. No es aceptable que se le niegue a nuestras tropas la opción de cumplir la misión que se les encomendó, y mucho menos si esta prohibición se sustenta en rancias convicciones de que nuestros soldados son fascistas que y que la institución militar es algo del pasado. Es una consideración falsa y malintencionada que surge de mentes enfermas que no han sido capaces de superar una guerra mundial -luego fría- en la que iban con el bando equivocado. Creo con la más absoluta firmeza que nuestras Fuerzas Armadas no son solamente, en términos históricos, la institución más importante de la humanidad, sino que a día de hoy siguen representando lo mejor de España: en cada periodo decisivo nuestros militares han sabido obrar con honor y con el mayor sentido de servicio a la patria, y hasta cuando han sido dirigidos por monarcas tiranos o déspotas de otra condición, han actuado con humanidad cuando no rebelándose contra sus dirigentes, como es el caso de Rafael de Riego y su pronunciamiento liberal en defensa del orden constitucional, o el alzamiento nacional con el que Francisco Franco dio respuesta a la fragmentación de la nación, la división social y el golpe de Estado que constituyó el asesinato del líder opositor José Calvo Sotelo a manos de militantes del PSOE por orden de su Secretario General, Indalecio Prieto, el 17 de julio de 1936.

Lo acaecido hoy en el Parlamento de Cataluña reviste la mayor gravedad y debe sembrar la preocupación en todos los españoles. La unidad de la nación atraviesa un momento crítico, toda vez que el Congreso de los Diputados sigue siendo incapaz de formar un Consejo de Ministros de consenso por lo que el Gobierno permanece en funciones e incapaz de tramitar leyes, mientras en Cataluña una pandilla de tarados se han hecho con un poder que ahora manosean entre comunistas anti-sistema y separatistas delirantes, con el caricaturesco Carles Puigdemont Casamajó al frente. La situación presenta uno de los retos más determinantes de nuestra historia y, como siempre, en el PSOE están intentando juntar dos neuronas sin éxito, por lo que una vez más, como ha ocurrido cada vez que la nación ha estado en juego, se confirma que nuestro Ejército sigue siendo la más fiable institución con la que contamos. Cuando todas las herramientas e instituciones democráticas fallan, bien por la corrupción que las hiere, bien por el ego y la mediocridad de quienes las dirigen, es tranquilizador saber que nuestros militares de apariencia durmiente en realidad no descansan y miran con lealtad por el bienestar del país. Lo que no es tranquilizador es que estos puedan sentir que no cuentan con el respaldo de su pueblo para llevar a cabo lo que podría ser una actuación decisiva en defensa de la unidad de España.

Para los que sabemos que nuestras Fuerzas Armadas observan con el mayor respeto los principios democráticos y en ningún caso pondrían en peligro la vida de los inocentes ni alejarían a España de la senda del crecimiento económico y la paz, es incomprensible que esta convicción no sea compartida por todos. Es vital que si se da la situación en la que nuestras tropas deban intervenir para frenar el golpe de Estado en Cataluña, sientan que tienen el apoyo de todo un pueblo al que han servido con lealtad durante siglos en los que han constituido uno de los más luminosos faros de la humanidad y el orgullo de la gran nación española.

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Comments

  1. Totalmente de acuerdo con este artículo. Las Fuerzas Armadas Españolas son ejemplares y ni están, ni han estado suficientemente respaldadas por el poder político. Esperemos que no tengan que poner orden en ningún conflicto interior, pero si llegare el caso, es absolutamente indispensable un respaldo popular, más aún que político, unánime o casi unánime.

  2. El tío Canduterio : enero 13, 2016 at 2:05 am

    No soy optimista…

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