La escandalosa degeneración del PSOE

La escandalosa degeneración del PSOE

El PSOE está dando una vez muestras claras de que no es un partido socialdemócrata. Personalmente, esto es algo que siempre he sabido: para mi los socialistas siempre han sido el partido que representaba lo peor de esa España que trabaja a disgusto y aspira a vivir de los demás. Siempre ha sido el partido que agrupaba a los rencorosos, los envidiosos y los sectarios que se alimentaban de odio. No obstante, hay una generación que creció con Felipe González que ha insistido durante décadas en repetir aquello de que el PSOE era un partido moderado, socialdemócrata y con sentido de Estado. Es cierto que le dejamos España al PSOE y no instauró una dictadura sangrienta, ni violó la propiedad privada ni encarceló a los inocentes -me refiero la segunda vez, la primera violaron hasta a las monjas-, pero también es cierto que el PSOE ha cambiado mucho desde entonces: el PSOE con el que crecí yo siempre ha sido un partido de fanáticos y revanchistas dispuestos a vender a su madre por un poco de poder. Para los que nos hicimos adultos durante el zapaterismo, el PSOE es y será siempre una amarga pesadilla que acosa a los sensatos. Últimamente, también es un partido radical que flirtea peligrosa e indecentemente con el extremismo más obsceno.

La última muestra de ello la están dando sus líderes actuales, que han rechazado de plano la oferta de Ciudadanos y el Partido Popular, pero están haciendo lo imposible por pactar con Podemos. Incluso los Presidentes Autónomicos del PSOE que quieren plantar cara a Pedro Sánchez en su patético intento de tomar el poder con 90 escaños prefieren el pacto con Podemos: se han encargado de explicar que si Podemos abandona la exigencia del referéndum independentista, el PSOE se sentará a negociar con ellos. No se sientan a hablar con PP y Ciudadanos, pero sí lo harían con Podemos y sus secuaces. No es poco.

M1-1819670824--490x490Es evidente para todos los bien nacidos que la salida lógica a este entuerto post-electoral pasa por hacer un gran frente constitucional que aúne a conservadores, socialdemócratas y centristas en torno a un Gobierno de salvación nacional que mantenga firme el timón de la recuperación económica, caiga con todo su peso sobre los separatistas catalanes y reforme desde el cariño nuestra Constitución. Es evidente que las grandes coincidencias programáticas de cualquier partido socialdemócrata son con Ciudadanos y PP, porque a pesar de los intentos del analfabeto candidato del PSOE por llamarlos “las derechas”, cualquiera con dos dedos de frente se da cuenta de que el PP es un partido de izquierdas -no te digo ya Ciudadanos-: defiende y fomenta el uso de lo público –transporte, universidades, servicios sociales, sanidad-, está a favor del intervencionismo del Estado en un montón de asuntos que perfectamente podrían dejarse a la consideración de cada individuo y sigue gastando más dinero del que el país ingresa sin mostrar ningún tipo de preocupación por la colosal deuda pública española. Llamar al PP el “partido de la austeridad” y acusarles de “hacer recortes” es una buena manera de captar el voto de los ‘limitaditos’, pero es de perogrullo que un partido que insiste en mantener un nivel de gasto por encima del nivel de ingresos para mantener unos servicios sociales a menudo ineficaces y despilfarradores, es de todo menos austero. Austeridad es ingresar 100 y gastar 5. El PP gasta en pensiones, desempleo, subvenciones agrarias, apoyo a las lenguas cooficiales y un sinfín de polladas más una cantidad indecente de dinero, y como todo lo indecente, esto al PSOE le gusta.

De cara a la galería, entiendo que al PSOE también le gusta la gente que defiende las libertades civiles y los derechos humanos. La gente que defiende la unidad de España y que planta cara al terrorismo vasco. La gente que defiende el orden constitucional y aboga por reformas comprensivas que respeten el sentido de nuestra Carta Magna. La gente que protege la economía de mercado y la propiedad privada. Estas son las cosas que defendería cualquier socialdemócrata europeo, que solo se distingue de un conservador europeo en tener una mayor conciencia social y una mayor inquietud respecto a los problemas de las clases desfavorecidas. Con esto no quiero decir que los socialistas ayuden a los de abajo, no lo hacen puesto que los empobrecen al insistir en medidas que son conocidas creadoras de paro –como el salario mínimo- pero sí tienen un discurso más centrado que el de la derecha en las necesidades de estos. Esta es la única gran diferencia entre ambas corrientes ideológicas, lo cual significa que la democracia ha llevado a una enorme homogeneidad en las propuestas de casi todos los demócratas, que hemos convergido en un conjunto de valores que han demostrado ser los del progreso: libertad individual, economía de mercado, propiedad privada, democracia, Estado del Bienestar y el imperio de la Ley. De cara a la galería, el PSOE está aquí. ¿Pero lo está? Yo creo que medio año tolerando ‘carmenadas’ arruinan la credibilidad de cualquiera…

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Fran González (PSOE) pasándole la mano por el lomo alto al brillante intelectual al que nombró alcalde de Cádiz: ‘el Kichi’

Volviendo a la supuesta homogeneidad ideológica; una de las grandes señas de que un país es de hecho un gran país es que sin importar qué ideología se encuentra en el poder, el rumbo económico se mantiene estable. Aquellos países que han conseguido reducir sus diferencias ideológicas a unos pocos puntos porcentuales de IRPF o a un IVA más alto o más bajo para el pan, gozan de una enorme estabilidad que permite a sus Gobiernos designar planes de crecimiento a largo plazo con la seguridad de no ser sucedidos por una Administración rupturista. Los españoles aspirábamos a eso. Aspirábamos a tener una derecha moderada y una izquierda moderada que concordasen en lo esencial y se alternasen al frente del país sin que por ello peligrasen inversiones públicas o privadas, planes educativos o programas sociales. Tal aspiración ha quedado en agua de borrajas por un PSOE que insiste en no salir del tercer mundo: hace mucho tiempo que los alemanes nos dan lecciones de democracia con sus grandes coaliciones, como nos las dan los franceses cuando toca frenar al Front National -algún día opinaré ahí- y nos las dan los ingleses cuando hay un referéndum en Escocia, y acuden todos a una a hacer una campaña electoral frontal que defienda la unidad británica.

En cambio, en España el PSOE rechazó la candidatura común en las elecciones catalanas porque, en palabras de Miquel Iceta (Secretario General del PSC): “no queremos alimentar una política de frentes”. Bien Iceta, eres tonto de cojones chico pero no esperábamos menos de un socialista. Ahora, de nuevo en momentos duros para el país en los que nos jugamos mantener la senda del crecimiento o volver a las catacumbas tercermundistas que tanto gustan en Podemos, el PSOE se vuelve a quitar la careta: bajo ningún concepto dicen que pactarán con los demócratas constitucionales (PP, C’s) pero gustosamente lo harán –siempre y cuando no haya referéndum- con quienes defienden a los más asquerosos dictadores que los financian, se niegan a firmar un inocuo pacto anti-yihadista, concurren con los amigos de ETA a los comicios y, en general, demuestran sus abyectas intenciones con poco disimulo. Las propuestas de Podemos nacen casi siempre del odio a los demás y el deseo de provocar una grieta que divida a la sociedad: ni el tono ni las ideas son conciliadoras, puesto que no son personas con aprecio ni respeto por la tolerancia y la democracia; y claro, saben que pueden contar con los socialistas tontunos antes de fagocitarlos.

Conclusión: no tenemos socialdemocracia en España. El PSOE es un partido extremista; no se como pueden los socialistas rodearse de tanta basura, pero está fuera de toda duda que les encanta: es un partido inherentemente mediocre que hace gala de tener a los políticos más mediocres defendiendo las ideas más mediocres en defensa de la gente más mediocre de la sociedad. Para España es un drama no tener un partido socialdemócrata puesto que nos devuelve al tercer mundo: nos devuelve a ese club de países que no tienen garantizado un Gobierno estable y que solo con mucha suerte consiguen periodos de respeto hacia las políticas que traen la prosperidad. Después de la muerte de Franco se abrió un periodo de alternancia política que garantizó a españoles y foráneos que éste sería un país serio que navegaría sin dar bandazos y a toda vela en la dirección del progreso, y así fue. Hoy, no hay ninguna garantía de que al cambiar de Gobierno no se altere el rumbo, más bien al contrario: ha nacido una nueva izquierda rupturista y radical que sigue viviendo en los tiempos de la hoz y el martillo. Junto a ella se sienta un partido putrefacto y decadente que, lejos de brillar como los prestigiosos partidos socialdemócratas europeos, apesta a sectarismo y malas artes.

Malo para España. Pésimo para un PSOE que afronta su desaparición sin dignidad y convertido en el cáncer político de este país.

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Antonio Miguel Carmona celebra tras conocer que ya no es el más tonto del partido. Es broma, celebraba haber hundido al partido hasta sacar menos de la mitad de escaños que los estalinistas a quienes dio el Gobierno municipal.

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Comments

  1. […] En resumen, el PSOE ha dado una muestra más de su verdadera condición: estamos acostumbrados a contemplar la sinvergonzonería con la que obran, pero no por ello deja de ser sorprendente y devastador que tengan el estómago para abrazarse a quienes nos amenazan. Es inaudita la ambición desaforada de Pedro Sánchez, que día tras día confirma nuestros peores presagios: con tal de tocar poder este es capaz de prostituir a su abuela en el negocio familiar. También es desolador darse de bruces con la realidad de que en el margen izquierdo del espectro político no quedan partidos fiables: no hay ninguna fuerza de izquierdas que represente una socialdemocracia sana que abogue por el progreso de la nación desde el marco constitucional, como dije en su momento. […]

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