Me gustan los campos amarillos (en defensa de los míos)

Me gustan los campos amarillos (en defensa de los míos)

(Este domingo hay elecciones generales en España, a las que concurren muchos partidos que no tienen más objetivo que destruir España: partidos gallegos, vascos, baleares, valencianos, catalanes e incluso navarros. Algunos, como Euskal Herria Bildu, el Bloque Nacionalista Gallego y Compromís comparten algunas listas con un partido de índole nacional que tampoco le hace ascos a la idea de romper nuestro país, como es Podemos. También concurre ese PSOE que tantas veces ha pactado con los separatistas (BNG, ERC, ICV), traicionando los intereses de la nación. No pediré el voto hoy aquí para ningñun partido, pero permítanme que comparta esta breve pero sincera reflexión sobre lo que representa para mí España, a través de sus regiones más denostadas y despreciadas por los separatistas y sus adláteres)

Me gustan los campos amarillos. Mucho. Muchísimo. Lo que más en el mundo. Pero también me gusta la pradera salpicada de encinas, o las lomas áridas vestidas de verde oliva. Me gustan los molinos coquetamente enjalbegados que decoran los campos amarillos de La Mancha, y las ventas de Puerto Lápice con los pórticos pintados de añil. También las bodegas blanco y ocre con barricas llenas de fino de Jérez. Me gusta el olor a cerdo y a bellota que impregna la dehesa de Extremadura, y me gusta observarla desde lo alto de la fortaleza de Trujillo para no romper su quietud. Me gusta el horizonte difuminado por el calor si miras a la Sierra Morena desde el Campo de Criptana. Me gusta el olor a alpechín que se filtra por las ventanas del coche cuando llegas a La Carolina en tiempos de molienda, señal inequívoca de que estamos en Jaén, y me gusta pensar en Antonio Machado y la emoción que él sentía -como yo- al ver los olivos:

Viejos olivos sedientos
Bajo el claro sol del día
Olivares polvorientos
Del campo de Andalucía
(…)

13716526585080-0-680x276Yo soy español. No soy el típico español, por mi entorno multicultural y mi formación en el extranjero, pero nadie es más español que yo. No desprecio a mis compatriotas, al contrario, estoy tremendamente orgulloso de ellos, y es un honor compartir con ellos la emoción de ser español. Nunca me ha avergonzado la pobreza de la gente de mi país, más al contrario siempre me he sentido honrado de poder pasar tiempo allí y sentirme en casa. Cuando veo las antiguas fábricas de miel de La Alcarria (Guadalajara), o la pintura desconchada en los palacetes de El Puerto de Santa María (Cádiz), estoy en mi país. En los toros, en la vetusta plaza de Santa Cruz de Mudela (Ciudad Real) o en el centro de Mérida (Cáceres), salpicado de solares vacíos, me he sentido profundamente a gusto porque estaba en mi país. Quiero mucho a Extremadura: nos conocemos bien porque es una relación de años en la que nos hemos visto mucho- disfruto de sus virtudes y respeto sus carencias, que entre todos intentamos paliar. Lo mismo me pasa en cualquiera de los sitios que los catalanes desprecian, y por supuesto nunca se me ha ocurrido darle la espalda a la realidad de mi país: a veces me gusta bañarme en las aguas cristalinas de Ibiza o salir de fiesta en Marbella, pero nunca he olvidado que eso es un decorado, que no es real.

La verdad de España está en la humildad de Castilla, que no miseria, porque si hay algo que me pone muy orgulloso de mi país es que somos buenas personas: he visto en los ojos de mis compatriotas una enorme bonhomía. Pobres, pero decentes. No es verdad que seamos ladrones, vagos y estafadores: en Jaén, en Ciudad Real, en Cáceres y en toda España mi gente trabaja el campo de sol a sol para sacar adelante un producto en el que creemos y del que estamos orgullosos: picota del Jerte, jamón dehesa de Extremadura, queso Ibores, Torta del Casar, vino de Valdepeñas, miel de la Alcarria, queso Manchego, aceite de Jaén… Hagan lo que hagan, lo hacen con ahínco y ganas. Los españoles somos agradables y generosos, respetuosos y buenos, y viajar por España es un placer que, tras haber recorrido el mundo, me sigue pareciendo inigualable. Muchos catalanes nos desprecian, y lo que es peor ¡Dicen que es al revés! No es verdad: nos insultan y nos ofenden. No obstante, me preocupa que muchos españoles nos desprecien tanto como los catalanes: conozco mucha gente que no para de viajar, y sin embargo desconoce absolutamente el interior profundo de España (el norte de Andalucía, Extremadura y Castilla). Pareciera que para muchos las vacías y decrépitas provincias de Castilla son algo a esconder; una realidad que prefieren no ver. Una verdad incómoda. Yo también he estado en todas las capitales de Europa, y me he hartado de viajar por ahí, pero me he tomado el tiempo de conocer mi país, y conocer a mis compatriotas, y me gustan. No me avergüenzan y además me siento cómodo y feliz, porque como he dicho, me gustan los campos amarillos. Y eso que no hay glamour, ni sushi, ni camas balinesas. Por no haber, no hay ni playa. Solo hay tierra y polvo, y personas recias, más duras que la alcuza de una tinaja, que trabajan mucho y lloran poco. Que se quejan poco y empujan mucho; descendientes de los locos que se lanzaron al océano en unas barcazas a conquistar el mundo.

joseGarciaRamirez

Aceituneros de Jaén vareando los olivos

A priori, yo no tengo nada en común con esa gente. Eso piensan algunos- en Cataluña casi todos-. Y sin embargo, creo que lo tengo todo en común con ellos, porque son los míos. España es una nación anciana que produjo un imperio colosal, y lo hizo sobre el principio innegociable de la solidaridad entre todos los españoles: de aquella primitiva alianza de los Reinos cristianos contra los moros surgió una unión sustentada en la solidaridad necesaria para vencer juntos al invasor. Los españoles no dejamos a los nuestros atrás, nunca. Siempre que en algún lugar los españoles han tenido problemas, la nación ha acudido en su ayuda. Creo que mi familia paga demasiados impuestos, pero si sirven para dinamizar la economía de las regiones más pobres de mi país y dar empleo a los que tuvieron la mala fortuna de nacer en peores condiciones que yo, bien empleados están. Si los catalanes les quieren ofender, a mi me van a tener en frente, porque esas personas que no hablan idiomas y malviven en provincias vacías sin futuro aparente, son los míos. No son como yo, pero son los míos. Y estoy orgulloso de ellos.

Creo que en eso consiste el honor, y en Castilla seremos pobres, pero somos hombres de honor.

Defiendan a España, también con su voto.

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