Salchichón Joselito: el mejor del mundo

Salchichón Joselito: el mejor del mundo

Si le preguntas a críticos gastronómicos, afamados chefs o gourmets de grandes bolsillos por el mejor jamón del mundo, habrá prácticamente unanimidad en la respuesta: Joselito. El Dom Pérignon del ibérico. Tras un siglo de crecimiento Cárnicas Joselito SA ha conseguido consolidarse como la marca del lujo en cuanto a productos del cerdo se refiere: exportan a 54 países y sus productos están disponibles en los mejores restaurantes y centros comerciales de los principales ‘hubs’ financieros. No obstante, la fama desbordante de su jamón ha eclipsado al que, a mi modo de ver, es su mejor producto: el salchichón.

Personalmente, el mejor jamón que he comido es 5 Jotas. Y he comido mucho jamón. Ni el jamón ni el lomo de Joselito me parecen siderales. Pero el salchichón Joselito, que descubrí hace poco más de un año es un escándalo, una locura. Realmente, la diferencia respecto a cualquier otro salchichón es tan grande que cuando lo pruebas sientes que has vivido una mentira: que toda tu vida has estado comiendo algo que no era salchichón. La modernidad ha traído niveles tan altos de prosperidad a las sociedades occidentales que ha permitido un progresivo aumento de la calidad de los alimentos, así como de la innovación con estos. Por este motivo, la competencia es tan feroz en todos los ámbitos gastronómicos que cuando se proclama que un producto es EL MEJOR en su categoría, se entiende que la diferencia respecto al siguiente es ligera para los expertos y probablemente imperceptible para la mayoría. Yo no sabría explicar por qué es mejor el vodka Belvedere que el Grey Goose, o por qué los macarons de Ladurée son mejores que los de Pierre Hermé, ya que para el común de los mortales son simplemente productos exquisitos.

Pero señores, el salchichón de Joselito es la excepción a la regla. Parece mentira que a estas alturas de la vida, con la cantidad ingente de salchichón que se consume desde tiempos inmemoriales en la piel de toro, pueda haber semejante diferencia entre unos y otros. La distancia entre el salchichón de Joselito y cualquier otro embutido es estratosférica: no lo sabría explicar en términos más concretos porque no soy crítico gastronómico, sino un simple aficionado, pero desde el primer bocado te invade una ola de sabor mucho más intensa de lo que cabría imaginar quién nunca lo ha probado. Cada rodaja se puede partir con las manos con apenas flexionar el pulgar, puesto que los gajos de carne se desmenuzan con facilidad: se desprenden del tocino, que está tierno y aceitoso lo cual indica que estos maravillosos cerdos se nutren solo de las mejores bellotas de la dehesa. Al contacto con la lengua percibes el toque de pimienta y ajo y quieres llorar por todas las veces que te hiciste un bocadillo miserable con un salchichón canalla, inconsciente de que había otro mundo que tus ojos no podían ver. Es un producto grande, puesto que la longitud y el diámetro exceden ampliamente el de un salchichón normal, y no está recubierto de esa sustancia harinosa blanca que recubre a la mayoría de los salchichones. No diría buenos y malos, simplemente ‘el resto de los salchichones’, porque cuando me zampo unas rodajas del Joselito solo puedo pensar en aquel anuncio de Mercedes-Benz que decía:

“Todas las listas tienen algo en común: en toda lista hay un primero, y luego vienen todos los demás”

No sé explicarlo mejor, solo puedo animarles encarecidamente a que lo prueben.

Los cerdos de Joselito pastan en 170,000 hectáreas que se dividen entre las dehesas de Salamanca, Extremadura, Andalucía occidental y Portugal. Tocan a tres hectáreas por cochino, como indica su página web en la que pueden aprender más sobre el proceso de fabricación de este producto único. Lo pueden comprar online en el enlace que adjunto, y en Madrid en la zona embutidos de las pastelerías Mallorca o en la tienda de Joselito en Velázquez casi esquina con Goya. En la web el precio es de €31.5 la pieza. 

https://www.joselito.com/store/salchichon-es.html

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