En Tierra de burritos

En Tierra de burritos

No es pequeña la sorpresa que se llevan mis amigos del norte de Europa cuando les explico el ínfimo arraigo que la deliciosa gastronomía mexicana tiene en España, pero lo cierto es que así es: Londres es una ciudad infinitamente más adecuada para degustar un delicioso burrito de ‘pulled pork’ -o ‘carnitas’ como se dice allende el Atlántico- de lo que es Madrid, y aunque fuera de nuestras fronteras aún sean muchos los ignorantes que confunden, mezclan y asocian nuestra cultura a la de algunos de nuestros amigos de la América Hispana, lo cierto es que no solo nuestra tradición culinaria es sideralmente diferente, sino que además la de allí ha tenido una muy superficial implantación en nuestro país. Sin embargo, me congratula poder hablarles de una excepción notable que permite a los madrileños degustar burritos del más alto nivel por un módico precio: les hablo de Tierra.

Segundos después de entrar en un local de Tierra ya es imposible ignorar que te encuentras en tierra de burritos: unas enormes pizarras sobre el mostrador detallan todas las opciones, que irás eligiendo según tu burrito avanza por la cadena humana y engorda hasta convertirse en la suculenta bomba calórica que recibirás envuelta en papel de plata. Verduras asadas, judías negras, varios tipos de carne de cerdo, ternera y pollo, guacamola, pico de gallo, queso en briznas y salsa de queso, arroz blanco e integral, nachos en polvo, salsas y condimentos de varios grados de picor, lechuga, crema agria… La lista de ingredientes con que puedes engordar tu burrito es interminable, y verás tu hambre ir en aumento según se desarrolla ante tus ojos este fantástico ritual al que estamos acostumbrados los que hemos vivido en países con más aprecio por la cocina mexicana que éste, pero que para el novato en estas lides es sorprendente hasta que comienzan a dar forma cilíndrica a tu burrito, que parece ir a reventar las hipotéticas costuras de la tortilla; en ese momento el proceso se hace hipnótico.

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Eso sí, pocas maneras más dulces que salir de la hipnosis que darle el primer bocado a este ‘Big Bang’ caribeño: como en aquel evento que aprendimos en física y que tantas veces hemos imaginado en nuestra mente, pareciera que toda la sustancia está muy apretadamente concentrada, hasta que ese primer bocado desencadena una explosión de sabor al que sigue el desparrame de ingredientes: te mojan las manos, te manchan, caen sobre las servilletas… Te hacen muy feliz, vaya, pues esta manera cochina de comer con las manazas tiene algo seductor que remueve ese lado primitivo que todos tenemos guardado bajo llave en nuestro interior profundo. Te dejas llevar, como homenaje a tus primeros ancestros, esos homínidos que sabes que habrían montado un fiestorro del copón si les hubiesen bajado a la sima de Atapuerca dos bolsas de burritos de Tierra.

No tuvieron esa suerte, pero nosotros sí. ¡Aprovéchala!

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Local de la calle Sagasta

Tierra Burritos tiene cuatro establecimientos en Madrid que gestiona con mucho éxito: no hace tanto que abrieron el primero y ya han consolidado su expansión capitalina. No nos sorprende, ofrecen un producto sabroso, nutritivo y de la máxima calidad por un precio más que razonable. Además, aunque la comida ciertamente es ‘fast’ puesto que te la hacen al instante, bajo tus ojos en la barra, el local es mucho más agradable que el de un ‘fast food’ convencional: sin ser silencioso, no se puede decir que el bullicio sea atronador, y como los refrescos son de ‘re-fill’  te encontrarás que sigues de sobremesa mucho tiempo después de haber engullido el último bocado de tu delicioso y cilíndrico manjar. La última que estuve -con mi padre- dos burritos y dos refrescos 18 €, así que llenarás la panza por 9 €. También merece la pena probar sus raciones de nachos y tacos a los que puedes echar los mismos ingredientes que al burrito. 

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Comments

  1. Coincido con el Tío Canduterio en· que la calidad es muy buena, la cantidad más que suficiente y el precio barato. Cuando estuve me llamó la atención también que la decoración no era folklórica (debo escribir “temática?), pero eso me gustó. Era un local de estilo moderno, funcional, tipo loft-gran urbe postindustrial. La clientela, predominantemente gente muy joven y buen ambiente general. Un sitio muy agradable.

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