Casa Mingo, el mejor pollo del mundo desde 1888

Casa Mingo, el mejor pollo del mundo desde 1888

No hay lugar en el mundo donde se coma mejor que España, y dentro de España pensamos que en ningún sitio se come tan bien como en Madrid; es cierto que hay regiones españolas con materias primas de la mejor calidad, o con una cultura gastronómica muy fuerte, pero mirado en su conjunto: en Madrid no solo encuentras carnes y pescados de la mejor calidad, también exquisitos mesones, la mejor comida india (Tandoori Station), libanesa (Du Liban), china (Tse-Yang), tailandesa (Thai Gardens), japonesa (Kabuki) y marroquí (Al-Mounia), cocina mexicana de vanguardia (Punto MX) o los mejores chefs peruanos (Astrid y Gastón). Madrid es la metrópolis gastrónomica del país donde mejor se come del mundo, y esto no es baladí: es un logro colosal que nadie habría podido predecir hace unas décadas cuando mirábamos a Francia con admiración. No obstante, hete aquí que Madrid anda mal de pollos.

De pollos, ni más y menos. Podría entender que no hubiese grandes templos que rindiesen culto a exóticos manjares de lejanos continentes, pero me parece surrealista que sea complicado hacer una lista de asadores de pollo en el corazón de Castilla, y sin embargo, en estas nos vemos. Se me ocurren varios motivos: por un lado los restaurantes se esfuerzan por sorprenderte con platos que no puedas hacerte en tu casa, y por otro el pollo se considera un alimento ‘pobrete’, de menor nivel que la carne de ternera, la caza u otras aves, por lo que puede que sea simplemente una víctima más del postureo que nos atenaza. Aún así, durante muchos años han estado en la cresta de la ola los pollos para llevar del rey del bocata de calamares, el bar El Brillante, y hace poco el afamado chef Sergi Arola abrió El Pollo Gamberro, un negocio de pollos gourmet en Malasaña que me complació cuando estuve, pero a decir de verdad solo hay un lugar de Madrid donde se hagan pollos asados excelentes. Eso sí, dicho lugar es Casa Mingo, y hace el mejor pollo asado del mundo.

anuarioguia.com2El pollo asado de Casa Mingo es un escándalo: está cojonudo -no me voy a cortar-, es inolvidable y vale la pena recorrerse medio país para probarlo. Esta centenaria casa es el 3* Michelin del pollo asado, y como tal se lo reconocemos desde 1888, y además es un rinconcito muy especial de Madrid. Sorprendentemente, aún hay gente que no ha estado nunca, pero la inmensa mayoría de los madrileños saben de su existencia, y hasta el músico argentino Andrés Calamaro ha reivindicado el pollo de Mingo en una entrevista en El País. Llegando desde el norte -donde vivo- atraviesas Madrid rodeando el centro o bien por Gran Vía hasta la Plaza de España o bien bajando hasta el Calderón y cogiendo el Paseo de la Virgen del Puerto; en ambos casos llegar a esta sidrería centenaria provoca una sensación de paz incomparable, pues dejas atrás del mundanal ruido de las calles céntricas, y te cobijas junto a las barricas que se apilan contra la pared, y que impregnan el ambiente con el olor a la mejor sidra artesana. El sitio es acogedor y, a la que te descuides, viajas al Madrid del siglo XIX en el que las gentes humildes apuran chatos de sidrina mientras engullen el pollo tierno bajo las vetustas vigas de madera que sostienen la tasca.

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Casa Mingo, Paseo de la Florida nº 34

El servicio es más que rápido, puesto que los siete rodillos de Mingo giran sin parar asegurándose de que el asado sea uniforme y permita a los pollos de arriba soltar su jugo sobre los de abajo, que serán los primeros en servirse; pides y en unos segundos tu pollo está listo. Son pollos pequeños que deben pedirse por unidades: nada de medias raciones, pero nadie lamenta esto puesto que lo que te sirven es tan tierno y tan sabroso que nunca sobra. Realmente sales de allí con la sensación de que pruebas el auténtico pollo por asado por primera vez: nada que ver con el que te haces en casa deprisa y corriendo, en Mingo el pollo se desmenuza y se desliga del hueso con solo mirarlo, y la piel se come entera porque está crujiente de principio a fin. Es un pollo de tanta calidad que no lleva nada: ni limón, ni ajo ni sal, ni aceite de oliva, ni romero, y tampoco va acompañado de arroz, patatas o verduras. Es pollo, solo pollo, pero el mejor pollo de España, lo que le vale a Casa Mingo para mantenerse en un lugar privilegiado del panorama hostelero capitalino desde hace casi 128 años. 

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La sidrería Casa Mingo no es un sitio para largas comidas ni para probar una gama de productos: lo bueno es la sidra y el pollo, y lo malo es todo lo demás. Lo malo no es malo, es normal, pero lo bueno es de clase mundial. Lo ideal es ir en un grupo de 3 y pedir dos pollos y una botella de sidra, saliendo cada comensal por unos 10 €. Ni primer plato, ni tapas ni nada: con eso y el pan que te ponen vas bien. Tres buenos comedores pueden comerse un pollo cada uno, puesto que son pequeños, y la sidra fluirá acorde. Si realmente tienes mucha hambre, prueba el chorizo a la sidra.

 

 

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Comments

  1. […] es harto infrecuente que algo me parezca perfecto. Se me ocurren como ejemplos de perfección el pollo de Mingo, la SuperAlfredo’s, el servicio de Horcher, la menestra de Zalacaín, el kilo de solomillo de […]

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