Encaste Vega-Villar: desaparecen ‘los patasblancas’ de Sánchez Cobaleda

Encaste Vega-Villar: desaparecen 'los patasblancas' de Sánchez Cobaleda

La Fiesta se encuentra en una encrucijada tan dramática que todos los aficionados debemos posicionarnos de un lado u otro: o eres torista, o eres torerista, y debo decir que, aunque no concuerde con todos sus planteamientos, creo que en estos momentos tan delicados, la defensa de la Fiesta exige permanecer junto a los ganaderos y al importante sector de la afición que canaliza sus quejas, abanderado por los parroquianos del Tendido 7 de la Plaza de Toros de Madrid. El poder adquirido por las grandes figuras del toreo ha propiciado que se cometan innumerables abusos sobre quienes sacan adelante la cabaña brava española, y se han puesto en serio riesgo de desaparición algunos de los encastes más emblemáticos del campo bravo español. A lo largo del tiempo, desde En Tres Vuelcos dedicaremos tiempo a aprender y evaluar la situación de los distintos encastes a través de sus ganaderías señeras, como denunciaremos aquellas situaciones injustas que amenazan con eliminar para siempre a algunos de los mejores ejemplares del vasto tesoro genético que atesoran nuestras reses bravas.

Empezamos tratando la que, a mi juicio, es la noticia más triste de la temporada taurina 2015: el cierre de la legendaria ganadería de Sánchez Cobaleda. Los toros de este hierro han sido parte indispensable del paisaje charro desde hace más de un siglo, y llegaron a tener la más alta consideración gracias a la ardua labor de Arturo Sánchez Cobaleda, que creyó en un toro puro que desarrolló y sacó adelante conservando en su integridad el encaste Vega-Villar que les da a estos morlacos salmantinos el mote de ‘los patasblancas’; toros que hasta este otoño críaba en Salamanca su bisnieta. Hay varios motivos, como explica la dueña, para el cierre de la casa Sánchez Cobaleda: la crisis que tanto daño ha hecho al sector, la exigencia sanitaria que se cebó con este hierro en 2010 y la falta de ayuda institucional. Los tres motivos son una vergüenza: por un lado, los abrumadores requerimientos en los saneamientos de los toros son inmisericordes y han dañado seriamente en el pasado a ganaderías tan indispensables como la de Partido de Resina (antigua Pablo Romero), por otro lado es triste ver como nuestros mediocres dirigentes se lavan las manos cuando toca mojarse en favor de la Fiesta pero les sobran ganas para subvencionar bodrios teatrales y exposiciones de mierda -así de claro- con el dinero de todos bajo el mantra de que producir basura es ‘cultura’. Esta actitud es especialmente aberrante cuando la lleva a cabo la Junta de Castilla y León, que tiene en la provincia helmántica el lugar de mayor tradición ganadera de España, y donde el toro de Vega-Villar goza de una reputación insigne. Además, es sencillamente vomitivo que los ganaderos honrados de este país, que apuestan por la integridad del toro tengan que echar el cierre porque entre toreros incapaces, empresarios acobardados y aficionados indolentes hayan permitido que más del 90% de las reses lidiadas permanezcan al ‘monoencaste’- el de Juan Pedro Domecq. Claro que la crisis ha afectado mucho, puesto que en pocos años se han reducido a la mitad el número de festejos, pero si la afición exigiese un toro serio y llenase los tendidos para recibir a las grandes casas ganaderas otra historia cantaría, porque la Fiesta genera suficiente dinero para mantener a flote las mejores divisas de cada encaste.

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La muerte de ‘Batanezón’ el 9 de octubre de 2015 en Llíria (Valencia) marcó la desaparición de la casa Sánchez Cobaleda

Dicho lo cual, la realidad es la que es, y nos obliga a evaluar los daños del cierre de Sánchez Cobaleda, que dejan seriamente comprometida la supervivencia del encaste Vega-Villar, que procede del cruce de vacas de casta Vazqueña con sementales del Conde de Santa Coloma. Hasta esta temporada, llevaban orgullosamente esta sangre los toros de varios hierros, como bien apunta el Patronato del Toro de la Vega, pero es desolador ver en qué estado sobreviven los más prestigiosos hierros de Vega-Villar: Caridad Cobaleda lidió una única corrida este año, en la Plaza de Toros de Béjar (La Ancianita), y la divisa de Barcial -en manos de Jesús Cobaleda- está sacando las reses a las calles y no a los ruedos, como corresponde a las grandes casas centenarias: “los festejos populares han sido imprescindibles durante la crisis”. Muchos otros ganaderos, incapaces de darle salida a las cabezas de bravo en España ven en las plazas toristas de Francia -Viz-Fezensac, Ceret, Istres, Arles, Vergèze y más- un último refugio donde sí se valora el toro serio y encastado -y se paga acorde-, como es el caso de Tomás Prieto de la Cal, dueño de la ganadería que da nombre a una de las dos líneas que existen de Casta Vazqueña -la otra es Concha y Sierra- y que hace tiempo que tiene que apartar lo mejor de su finca La Ruiza para las corridas francesas.

Falta coordinación entre las peñas taurinas y en el mundo del toro en su conjunto para exigir más ayudas a los ganaderos que protegen el crisol genético del campo bravo español, y es necesario conseguir una afición militante que haga condición sine qua non para ser figura del toreo haber matado bureles de todos los grandes encastes. No puede ser que haya espadas llenando plazas sin habérselas visto nunca con los toros que te piden el carnet. Esta falta de militancia y de coordinación ha propiciado, entre muchas otras, que desaparezca la legendaria ganadería salmantina de Sánchez Cobaleda. Estamos sin tiempo.

FOTO TORO SANCHEZ COBALEDA 1 

Los toros de Sánchez Cobaleda atesoraban con pureza el fenotipo Vega-Villar: cornúpetas de mirada expresiva, bajos de agujas y cortos de tronco. Bien enmorrillados y astifinos aunque podían presentar encornaduras con diferentes grados de desarrollo y apertura. Eran frecuentes los pelajes berrendos en negro, cárdeno y colorado, así como los negros, cárdenos y ensabanados. El ejemplar de la foto luce capa berrenda en negro, y es lucero -por la mancha de la testuz- y calcetero en las patas traseras. Uno de los clásicos ‘patasblancas’ que dieron fama y renombre al campo bravo salmantino, y que hasta este otoño enriquecían la fauna autóctona española gracias al encomiable trabajo ganadero de los responsables de la casa Sánchez Cobaleda.

 

 

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