Análisis de la hegemonía del ‘monoencaste’

Análisis de la hegemonía del 'monoencaste'

Han salido los carteles para la Feria de la Magdalena 2016, en Castellón, y traen malas noticias para la afición torista: un jarro de agua fría que no por esperado deja de ser molesto. Toros de Fuente Ymbro, El Parralejo, Núñez del Cuvillo, Zalduendo… Y como colofón, el mano a mano de Andrés Roca Rey y Alberto López Simón con lo de Juan Pedro Domecq. Hay varias noticias a destacar, pero todas se ven empañadas -a mi juicio- por la escandalosa homogeneidad de los carteles: es digno de mención que los diestros Morante de la Puebla y El Juli no vayan a torear en la segunda gran reunión del año, tras Olivenza, y es una noticia por la que todos los taurinos debemos felicitarnos que este año la Feria de la Magdalena tenga un festejo más que el año pasado. También queremos estar atentos al meritorio encierro de Varea con seis novillos y, por lo general, subrayar la importancia del coso castellonense para ir definiendo el panorama antes de las primeras grandes citas -Fallas, Feria de Abril, San Isidro-. No obstante, tras ver la absoluta ausencia de variedad en la determinación de los hierros para el ciclo castellonense, solo queda tratar una vez más el muy manido asunto del monoencaste, lo cual haré desde la perspectiva de torero, ganadero, empresario y aficionado.

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La diversidad. Yo no odio los toros de Domecq. Defender la integridad de la Fiesta no pasa ni mucho menos por denostar al ganadero de Domecq, pero si requiere apostar por el toro como protagonista indiscutible de la lidia, lo cual temo que pueda ir en contra de los intereses de quienes crían reses con esa sangre. ¿No sería Castellón una Feria más rica si contase con la presencia de toros de encaste Albaserrada? Sus tres grandes exponentes, los hierros de Victorino Martín, Adolfo Martín y José Escolar darían un atractivo indudable a la Feria. ¿Dejaría de ir la afición si se contase con encastes minoritarios? El año pasado me quedé con las ganas de ver los toros de Jódar y Ruchena, una de las pocas casas ganaderas con encaste Hidalgo-Barquero, y nunca he visto los Gamero-Cívicos de Samuel Flores. Me encantaría ver en Castellón como se desenvuelven las figuras emergentes -Roca Rey y López Simón- en su mano a mano que tanta expectación está generando con los astados dorados, ensabanados o albahíos de Tomás Prieto de la Cal, sostén de una de las dos líneas de Casta Vazqueña -la otra es de Concha y Sierra-. ¿Algo de Santa Coloma quizás? En sus tres líneas -Coquilla, Graciliano, Buendía- hay hierros capaces de presentar un lote apto para Castellón. Y sin embargo, nada. Domecq, Domecq, Domecq… El monoencaste.

El aficionado. El aficionado quiere variedad porque vive el arte; porque cree en el arte. El arte exige impresionar, desarmar, sorprender… El arte debe provocar las más intensas emociones y las más memorables sensaciones: a nadie le gusta ver siempre la misma película, ni visitar siempre el mismo museo para ver los mismos cuadros. El aficionado quiere ver como se manejan los más grandes diestros con los toros más exigentes; veces, no lo niego, es emocionante ver lo que puede hacer un espada inspirado con un toro encastado de procedencia Domecq, que propicie una lidia más vistosa, como vi yo el 11 de octubre de 2015 en el pueblo cordobés de Montoro a Finito de Córdoba indultar a Organillero de Fuente Ymbro, tras una faena memorable. Pero también queremos disfrutar de la riqueza de la cabaña brava, aprender las características propias de los distintos encastes y contemplar como adapta -en función de estas- su arte cada maestro. Además, que duda cabe de que el futuro de la Fiesta pasa por preservar la acrisolada genética del campo bravo español, muchas de cuyas sangres están gravemente amenazadas y perviven apenas por el empeño de los últimos ganaderos heroicos, muchos de los cuales son incapaces de colocar sus lotes en España y deben encontrar refugio en Francia, donde el respeto por el toro sigue teniendo la vigencia de la que aquí carece.

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El diestro Juan Serrano ‘Finito de Córdoba’ saluda la ovación de los tendidos, en presencia del ganadero Ricardo Gallardo y el mayoral de la ganadería de Fuente Ymbro, tras indultar a Organillero. Plaza de Toros de Montoro, Córdoba. Octubre 2015.

Argumentarán muchos que si de verdad hubiese una afición deseosa de ver lo ya mencionado, o los villamartas de Guardiola Fantoni, los pablorromeros de Partido de Resina o las reses que crían en Zahariche -la legendaria finca de Eduardo Miura- las plazas no se llenarían con estos carteles que siempre anuncian lo mismo. Argumentan, por lo tanto, que los carteles que reflejan el absoluto dominio del toro de Domecq no son sino el reflejo de la situación en las gradas. Estoy de acuerdo, desgraciadamente un lote de José Escolar -Albaserrada- para que lo lidie uno de los pocos que se atreve, Rafaelillo por ejemplo, tiene menos tirón que un mano a mano entre Alejandro Talavante y Miguel Ángel Perera con lo peorcito del monoencaste, probablemente la ganadería de Garcigrande-Domingo Hernández. El problema es que eso no son aficionados; hay que fomentar la afición, no la curiosidad. El que va dos tardes a San Isidro para hacerse la foto y contarlo no interesa por ahora, y no interesará hasta que desarrolle una conciencia taurina que le permita distinguir unos hierros de otros y exigir un toro de verdad en pos de una Fiesta íntegra. Se puede hacer, se debe hacer: hay que fomentar el interés por los toros como disciplina artística de incalculable valor, cuyas contribuciones a la cultura española son inigualables e imposibles de ignorar- si reducimos la Fiesta a mera atracción turística para deleite de foráneos y paisanos sin mayor interés que el de figurar, estaremos cayendo en la trampa del pan para hoy, hambre para mañana.

La gran amenaza de la Fiesta es que hay más consumidores que aficionados, y estos exigen ante todo emoción estética, espectáculo y belleza plástica. El reto no es agradar a los consumidores, sino convertirlos en aficionados. 

El ganadero. Como digo, los toristas no tenemos una cruzada contra el ganadero de Domecq, pero si sentimos la obligación de denunciar aquello que atente contra la plenitud de la Fiesta. El problema para la tauromaquia del monoencaste es, fundamentalmente, que hay demasiadas ganaderías con encaste Domecq. ¿Qué vino antes, el huevo o la gallina? Es decir, ¿empezaron los ganaderos por refrescar con sangre Domecq e ir apartando lo otro, o empezaron los empresarios por ir marginando a los demás encastes? No estoy seguro, aunque sospecho que primero se apostó fuerte en los carteles por los toros de procedencia Domecq Díez, lo que propició la conversión que da pie a que este encaste nutra en la actualidad buena parte del frondoso árbol genealógico de la raza brava española. El hecho es que hay demasiados hierros que lidian toros con sangre Domecq, y algunos sacan al ruedo astados realmente decepcionantes: el monoencaste no lo es tanto si acaso por la enorme diferencia que tienen algunos de sus embajadores respecto a otros. Los malos los conocemos todos, y entre los buenos me gustaría destacar tanto el buen hacer de Ricardo Gallardo en la ya mencionada ganadería de Fuente Ymbro, como el buen criterio de Victoriano del Río en la ganadería homónima.

El problema llega cuando el desecho de tienta no llega al matadero: muchos ganaderos se bastaron de una calculadora para entender que lo que en la plaza de tientas se había ganado sitio en el matadero, multiplicaba su precio si se vendía para ‘madrear’. No tengo pruebas, y sé que es una acusación brutal, pero esta es la magia del anonimato, oiga: muchos ganaderos que debían deshacerse de cabezas de ganado a X la unidad, vieron que por ser vacadas de Domecq podían venderlas para reproducción a ganaderías incipientes por 10X, dando pie a la creación de mucho ganado descastado que se lidia falsariamente bajo la presunción de veracidad del monoencaste.

Además, hay una actitud del ganadero contemporáneo que hace hervir la sangre a la afición torista: muchos de cuántos crían lo de Domecq repiten el dichoso mantra de que “quiero un toro con el que disfrute el torero”. Criminal. No sé como se ha llegado a esta conclusión pero nos falta Península para correr -dirección Francia- como esta majadería se imponga. El torero debe disfrutar pudiéndole al toro: en el sometimiento al que conduce la lidia está el triunfo del diestro que ejecuta su arte mientras de manera gradual se impone al animal al que finalmente da muerte. En ese momento en el que queda patente que el maestro ha impuesto su torería lenta y acompasada sobre las embestidas furibundas de la bestia, disfruta la afición; y en hacer disfrutar al respetable está el placer de artista y ganadero. Desde luego, si la lidia debe enfocarse hacia el disfrute de alguien, ese es el parroquiano que cruza España, Francia e incluso el Atlántico en busca del arte y en defensa de la Fiesta Nacional: el regocijo del torero solo puede llegar tras culminar una faena importante ante un toro serio que le permita mostrar sus recursos pero le exija todas sus capacidades. Para el torero no hay disfrute posible sin momentos previos de intenso miedo y asfixiante angustia bien resuelta, con temple y arte.

 Lo contrario es el toro que permite al torero lucimiento a cambio de nada: el toro que fomenta la creación de la belleza plástica en faenas que están, sin embargo, carentes de tensión. El ganadero de Domecq que persiga un toro encastado y serio que dignifique la lidia y ‘pida el carnet’, sin por ello impedir el desarrollo estético de la misma, es un aliado de la Fiesta. El otro, el que busca un ‘perritoro’ noblote que siga la muleta y convierta la lidia en un show de doma circense para mayor gloria del torero enfocado en contentar a los consumidores, es un enemigo de la Fiesta.

La figura. ¿Es figura la figura? ¿Se puede ser figura sin haber matado una corrida de Miura? Hasta hace no tanto tiempo un requisito indispensable para cualquier matador de toros que aspirase a ser encumbrado como una figura del toreo, era mostrar su tauromaquia ante cualquier tipo de toro. Eran los años duros para el torero en los que la afición dictaba y la presencia en los carteles había que ganársela en los ruedos la tarde anterior, lidiando lo mismo toros de Murube, Santa Coloma, Albaserrada o Miura. Victorino Martín -hijo- ya decía en 2012 que “el que es figura lo es por algo, y sin las figuras no sería posible sobrevivir, pero debieran ser mucho más generosos con la Fiesta a la hora de matar todo tipo de encastes…” Es así, puesto que la única manera posible de defender el campo bravo es lidiándolo; los antitaurinos aspiran a prohibir el arte y, en una suerte de arca de Noé moderna, juntar unos pocos ejemplares de cada procedencia en una reserva que sostener con dinero público, como ocurre con los linces en Iberia y con otros animales en peligro de extinción allende nuestras fronteras. ¿Queremos eso para el toro? No, claro que no: el toro debe ser útil para que el ganadero encuentre satisfacción y rentabilidad en su crianza, y el toro es útil cuando sirve para la lidia.

No apelo al ánimo de lucro de los toreros: como digo, hay más consumidores que aficionados, y los primeros están más que contentos de pagar su entrada para ver a Morante matar cualquier cosa. De hecho, les da exactamente igual lo que mate, y probablemente alguno no distinguiría si sacasen a lidiar los cabestros de Florito. Apelo, sin embargo, a la vergüenza torera de los maestros. Por poner un ejemplo, fijémonos en la máxima figura de la tauromaquia contemporánea, considerado por muchos uno de los más grandes matadores de todos los tiempos: José Tomás. En su históricas tardes de 2008 en Barcelona y Madrid se enfrentó a los astados de Núñez del Cuvillo en la Ciudad Condal y Victoriano del Río en la capital. El diestro de Galapagar mató en Linares toros de Las Ramblas en 2011. En 2012 se encerró en el Coliseo Romano de Nimes, con motivo de la Feria de la Vendimia, con toros de distintas ganaderías… ¿Saben cuales? Victoriano del Río, Jandilla, El Pilar, Parladé, Garcigrande y Toros de Cortés a los que cortó once orejas y un rabo. Ese mismo año lidió en Badajoz lo de Garcigrande-Domingo Hernández. Solo toreó tres tardes aquella temporada, falta Huelva: toros de Victoriano del Río, Jandilla y El Pilar. En Málaga en 2014, en un mano a mano con el rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza, sus bureles fueron de Parladé y Victoriano del Río… ¿Y para cuando los de Miura maestro? ¿Para cuando los de Victorino Martín? ¿Un guiño al pasado toreando Cuadri o Carriquiri quizás? No señor.

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El Juli en Quito, Ecuador, el día que indultó un toro en 2009. Miren el tamaño de ese toro, mírenle los pitones… Joder Julián, joder.

En el mundo del toro, como en todo, hay mucho listo que te avasalla como buen cuñao en Nochevieja; una de las retahílas preferidas por estos especímenes es aquello de que “José Tomás quiere morir en la plaza”. Es indudable que el de Galapagar se pone donde no se pone nadie -ojo a López Simón que pinta bien- pero tampoco hay duda de que si de verdad quisiese dejar este mundo martirizado por su muerte en el ruedo -a lo cual me opongo como ser humano y como aficionado-, exigiría que le pusieran delante unos buenos morlacos de las ya mencionadas ganaderías, o cualquier otra de conocida bravura, como pueden ser José Escolar o Adolfo Martín. La cuestión es si de verdad puede ser alzado por las masas como figura del toreo alguien que, de tener un repertorio amplio y refinado, no lo demuestra, pues rehuye la ocasión de hacerlo. Insisto en que, desde el punto de vista económico la jugada les sale redonda porque lidian un toro fácil y predispuesto al espectáculo que levanta a las masas y genera suculentas taquillas, que en el caso de José Tomás se traduce en letreros de No Hay Billetes por doquier.

Los toreros deberían lidiar encastes minoritarios aunque sea como guiño a la afición; al aficionado fiel que se saca el abono en múltiples rincones de España y sostiene con su tiempo, dinero y esfuerzo a la Fiesta. Este modesto narrador visitó el año pasado -sin dejar de lado sus obligaciones- Brihuega, Segovia, Ronda, Zaragoza, Olivenza, Montoro, Cabra, Castellón, El Puerto de Santa María y, por supuesto, casi todos los festejos en Las Ventas. Ese aficionado que llena las plazas pequeñas, se desplaza de una Comunidad Autónoma a otra y le echa horas de carretera buscando la Fiesta, puede no ser el presente de una tauromaquia en la que los grandes se bastan de turistas y curiosos para cobrar suculentos honorarios; pero es el futuro porque de él depende seguir sosteniendo los toros en los lugares de menor tradición y de él depende convertir en aficionados a los de su entorno. Estas son cuestiones que no afectan a las figuras de hoy, que ya tienen una vida cómoda, pero afectan a las del mañana, y los maestros deberían mirar también por los intereses de sus sucesores. La Fiesta le ha dado mucho a José Tomás, Morante de la Puebla, El Juli y tantos otros, que con generosidad debieran devolverle los servicios prestados. Ese favor, ahora mismo, pasa por levantar el veto a las ganaderías exigentes; a los hierros de bravo que engrandecen la Fiesta de los toros.

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Morante de la Puebla el día de la presentación de su Tour 2014. Anunció todas las corridas que lidiaría esa temporada, quitándole emoción a las mismas y anulando la necesidad de hacerlo bien. Con todo el pescado vendido ¿cual es el aliciente? Por supuesto, ningún encaste considerado ‘complicado’ en su lista de apariciones. El lema del evento era El Arte No Tiene Miedo, pero en En Tres Vuelcos opinamos que eso hay que demostrarlo con los Miuras.

También es una cuestión de puro enriquecimiento de la Fiesta poder ver como varía la tauromaquia de cada artista en función del toro que tiene delante. Vuelvo a lo ya dicho: nadie quiere ver la misma película todos los días; sería apasionante, didáctico y emotivo poder hacer un recorrido in situ por todo el concepto artístico de los maestros, viéndoles lidiar los diferentes encastes, haciéndole frente en un inusitado despliegue de recursos a reses que presentan características dispares y exigen habilidades diferentes al diestro.

El empresario. Desde el punto de vista del empresario, las cuentas no engañan: cuando lidian los grandes se hace caja, lo cual en un sector tan azotado por la crisis, no es poco. Es un drama para la Fiesta que la entrada dependa en exclusiva de los nombres del cartel, y es una tragedia que ni siquiera baste una figura para atraer público, sino que muchas veces solo se registran ‘llenos’ cuando hay tres grandes nombres en la terna. Hasta ahora, el empresario se ha dejado llevar por la corriente, accediendo a conformar carteles del gusto de quienes garantizan una entrada notable que deje dinero en la caja; sin embargo es imposible dejar de añorar tiempos pasados en los que el empresario tenía la sartén por el mango: tiempos en los que el coso se llenaba sí o sí, y era su propietario quién tenía el poder de conformar carteles atractivos que mezclasen talento joven con veteranos consagrados, lidiando toros exigentes.

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El drama de la Fiesta: este cartel taurino que pretende servir como reclamo publicitario para abarrotar las Arenas de Nîmes, ni siquiera menciona la ganadería(s) que lidiará el matador de toros. A eso ha quedado reducido el papel del toro en la Fiesta Nacional; a no figurar ni el el cartel. El mensaje es claro: si viene José Tomás habrá lleno, da igual lo que toree. 16 de septiembre 2012, Feria de la Vendimia, Nimes, Francia. 

Es evidente que el empresario ni puede ni debe luchar contra el libre mercado, que dicta en función de la oferta y la demanda quién torea y quién no; pero quizás ha llegado el momento, vista la gravedad de las amenazas que mantienen a la Fiesta en vilo, de tomar riesgos. Es un riesgo dejar para el día grande de la Feria un cartel con una o varias ganaderías de prestigio, con quién esté dispuesto a lidiarlas, pero es un riesgo que puede salir bien y que en todos los cases contribuye a concienciar de la importancia para la integridad de la Fiesta de que haya torero y toro: ni solo toro, porque se come al torero, ni solo torero porque no tiene qué torear. Es un riesgo aún más grande poner pie en pared y renunciar a contratar a quién se niegue a matar corridas ‘toristas’: puede ocurrir -es probable incluso- que ningún grande acepte el reto y el público dé la espalda a una Feria sin figuras. Pero ¿y si ese acto se convierte en el pistoletazo que hace reaccionar a la afición? ¿Y si los aficionados se vuelcan con la iniciativa y llenan los tendidos de aquel que se atreve a exigir a los diestros, como antaño, que lidien lo más bravo del campo? Sería la oportunidad perfecta para que la afición manifestase su compromiso con la Fiesta: un primer aviso a navegantes de que toca adherirse al movimiento que propugna la verdad de los toros y defiende la bravura y la seriedad como señas de identidad del toro de lidia que engrandece la Fiesta y la permite alcanzar sus máximas cotas de esplendor. Insisto, es arriesgado e incluso injusto hacer cargar esta responsabilidad onerosa sobre los hombros de un empresario que busca legítimamente ganarse la vida; pero debo recordar que muchas plazas en España son de titularidad pública, y que los consistorios tienen la potestad -e incluso el deber- de fomentar y defender el arte y la cultura, incluso a riesgo de sufrir pérdidas económicas. No pasa nada por probar, por eso es tan decepcionante ver carteles como los de Castellón.

Nada más por ahora. Desde En Tres Vuelcos seguiremos defendiendo la integridad de la Fiesta de los toros: queremos mantener lo más valioso del patrimonio cultural y artístico de España a salvo de la decadencia que aflige a casi todos los aspectos de nuestra sociedad, y queremos fomentar el desarrollo del arte de los toros en su plenitud. Tras muchos meses sin actividad, la Temporada Taurina Española 2016 está a punto de comenzar: estaremos en Ajalvir, en Valdemorillo y en Olivenza, e intentaremos estar en Castellón y Fallas; les contaremos como evolucionan toreros y ganaderías, publicaremos nuestras crónicas mordaces y divertidas y no perderemos la convicción de que la entereza de la Fiesta pasa por la autenticidad del toro.

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