El absurdo Balón de Oro como símbolo del fútbol moderno

El absurdo Balón de Oro como símbolo del fútbol moderno

Todo lo que tiene que ver con el Balón de Oro me causa el más absoluto desprecio. Mostrar interés por semejante galardón y la absurda gala en que se entrega demuestra un desconocimiento total de las más básicas nociones balompédicas. El hecho de que la celebración de dicho evento genere semejante nivel de atención desde todos los rincones del globo me lleva a concluir que, efectivamente, el fútbol no está rodeado de aficionados, sino de masas de personas salvajemente ignorantes que solo buscan la moda: lo mismo están comentando en Twitter -ese vertedero, que dice Cayetana Álvarez de Toledo- la susodicha gala, que están celebrando el año nuevo chino, el día de St Patrick o el Cinco de Mayo. Las mismas masas que tanta paz nos dieron en el pasado con su silencio, y que en este mundo ridículo en el que se anima a la gente a “tener su propia voz” y a “no tener miedo a expresarse”, vierten la basura que certifica su pobreza intelectual en todos los foros y valiéndose de cualquier ocasión.

El motivo más evidente por el que el Balón de Oro es un premio absurdo que solo interesa a los bobos es que pretende distinguir la actuación individual entre quienes se dedican al deporte colectivo por excelencia. En el más inofensivo de los casos, esto lleva a inexactitudes, ya que la labor del integrante de un equipo no puede medirse sin considerar la de sus compañeros. En su vertiente más dañina, este premio puede llegar a disuadir a los futbolistas que optan a ganarlo de jugar en equipo, lo cual es perjudicial para su conjunto y el deporte tanto como para el obseso candidato que por no pasar el cuero a su compañero habilitado malogra una jugada de gol ‘chutando’ en mala posición, guiado por sus ansias de destacar. Este trofeo es, por lo tanto, la pesadilla de cualquier entrenador dedicado, que pasa muchas horas y esfuerzos intentando formar una plantilla comprometida a la que se le haya inculcado profundamente el espíritu de equipo. El técnico siempre buscará contar con futbolistas que se mantienen firmes en la convicción de que  hay que mirar por el bien del equipo, porque acabará siendo el propio. En el fútbol clásico -el verdadero- bastaba la oposición del míster para desactivar cualquier idea, proyecto o evento; pero en este fútbol de presidentes opulentos, directivos caprichosos y patrocinadores excéntricos la opinión del entrenador no vale un pimiento. Conclusión: el Balón de Oro revaloriza el precio de los futbolistas que optan al galardón, genera audiencia televisiva que los equipos a través de sus asociaciones -LFP, UEFA, FIFA- rentabilizan ampliamente y, en general, contribuye al merchandising agobiante que todo lo inunda pero que nunca es suficiente para quienes aspiran a ganar menos títulos pero vender más camisetas.

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Sepp Blatter, amo y señor de la FIFA durante décadas, temporalmente inhabilitado por los casos de corrupción que investiga la Fiscalía de los EEUU. Uno de los grandes enemigos del fútbol. 

Además, no puedo obviar el papel tóxico que juega en todo este tinglao la prensa deportiva, que desea durante todo el año que la competencia para alzarse con la pelota dorada sea dura, lo cual es sinónimo de portadas, exclusivas y tertulias dedicadas en su totalidad a elucubrar sobre quién merece ganar el premio, y vaticinar si será así. Entre todos; entre periodistas, futbolistas, directivos y la masa de borregos que pasa más horas en Twitter que en la calle, han hecho de este burdo galardón una institución inmerecidamente prestigiosa que encumbra cada año a un elegido al olimpo de los peloteros sin saberse los criterios para que así sea. Atrás quedaron los tiempos en que la calidad de un futbolista se medía por factores tales como la facilidad o no que tenía para relacionarse sobre el verde con sus compañeros, la visión de juego que desplegaba o si propiciaba que el equipo saliese ordenadamente a la contra. No, ahora pretenden reducir un juego complejo y harto estudiado, en el que intervienen 22 futbolistas, cuatro árbitros, los suplentes y el staff técnico de ambos equipos, a unas estadísticas ramplonas que interpretan de manera partidista para defender la candidatura de su jugador afín.

-COMO SE ELIGE-

79383Ha habido años en que, siendo un contendiente el que más títulos consiguió -lo cual explican sin recordar que nadie gana nada en el fútbol sin sus compañeros de equipo-, el Balón de Oro fue a parar a manos de otro jugador menos laureado pero más goleador, como es el caso de Xavi Hernández y Andrés Iniesta que perdieron en favor de Leo Messi en el año en que los primeros fueron Campeones del Mundo con la Selección Española. También ha habido años en que ha sido al revés: es frecuente que Cristiano Ronaldo marque más goles que Messi en una temporada, y aún ganando trofeos objetivos como son el Pichichi y la Bota de Oro, el trofeo redondo ha caído en manos de Messi bajo el argumento generalizado de que Messi ganó el Triplete o cualquier otro triunfo superior a los del luso. ¿Entonces? ¿Hay que marcar goles o hay que ganar títulos? Personalmente, creo que no hay respuesta correcta, lo cual tiene su lógica en que intentamos dilucidar lo imposible: quién es el mejor talento individual basándonos en un despliegue de talento colectivo. Si fuese lo correcto establecer como criterio el número de títulos, serían merecedores del Balón de Oro futbolistas como Toni Kroos, que ganó en el 2014 la Copa de Europa con el Real Madrid y el Mundial de Fútbol con la Selección Alemana. ¿Merecía Toni Kroos la máxima distinción individual del fútbol por delante de Cristiano Ronaldo? Es evidente que no. ¿Merece Claudio Bravo el Balón de Oro por delante de Leo Messi? Tampoco, y sin embargo el arquero chileno ganó tantos campeonatos de club como el argentino, por ser compañeros de club, y además se coronó como campeón de la Copa América 2015. Sneijder ganó el Triplete y llegó a la final del Mundial 2010, Ribéry ganó el Triplete con el Bayern… ¿Ganaron? No. ¿Lo merecían? Opino que no. En cambio Fabio Cannavaro sí lo ganó tras alzarse con la Copa del Mundo 2006 con Italia… ¿Entonces? ¿Cómo se decide quién gana? Es obvio para cualquiera con una mínima noción futbolística que este trofeo es un cuento; una burla, una patochada. Es una forma tosca de seguir colocando a alto precio minutos de televisión, portadas, entrevistas y mercadotecnia pintoresca.

-QUIEN ELIGE-

rueda-tata-martino-foto-claudi_54378676585_54115221152_960_640Por si fuese poco tener que elegir en base a criterios más que confusos, resulta que un premio ya de por sí irracional, ha sido pervertido aún más si cabe a raíz de la fusión del Balón de Oro que otorgaba la revista France Football con el galardón al futbolista del año que entregaba la FIFA. Hasta ese momento, elegían los redactores de la revista francesa; ahora eligen los capitanes y seleccionadores de los combinados nacionales así como un surtido de periodistas -generalmente uno por país- lo cual ha propiciado quizás la cara más patética de esta absurdidad: los electores votan sistemáticamente a sus amiguetes. No contenta con haber sido incapaz de fijar unos criterios objetivos de selección, la FIFA además permite año tras año que el cachondeo más infantil se apodere de la gala, cuando se conoce la manera ridícula, sesgada, partidista y manifiestamente parcial con la que votan quienes en teoría son los grandes sabios del balompié. Por poner un ejemplo, en la votación de este Balón de Oro 2015 el Seleccionador Argentino, Gerardo ‘Tata’ Martino votó a Leo Messi, ‘Kun’ Agüero y Javier Mascherano ¿Es casualidad que los tres fuesen argentinos? ¿Es razonable que un profesional con la trayectoria de Martino -en la foto- piense que Mascherano es mejor futbolista que Cristiano Ronaldo? ¿Es aceptable que Jorge Sampaoli, el entrenador de Chile, vote a sus jugadores Alexis Sánchez y Arturo Vidal por delante de Neymar o Ronaldo? No, no lo es. Ni siquiera es aceptable que la FIFA, siempre por culpa del mamoneo que les empuja a intentar vender el producto en todo el planeta, otorgue el mismo peso a los electores de cada rincón del mundo: de esta manera el voto de Vicente del Bosque vale lo mismo que el de el entrenador de Trinidad y Tobago, y el de Leo Messi tanto como el del capitán de la Selección El Salvador. Más aún, tampoco parece razonable que, por una cuestión de azar, haya jugadores que tienen a ciertos electores de su lado: Cristiano Ronaldo tiene la fortuna de ser (ex)compañero del capitán de la Selección Española, Iker Casillas, mientras que cuando éste se jubile el brazalete será para Andrés Iniesta, lo que hará cambiar el sentido del voto español hacia Messi. Se da la circunstancia de que algunos futbolistas tienen más amiguetes con voto que otros, y como en un mundo en el que hay consenso en torno al voto secreto la FIFA se empeña en hacerlo público, todos los electores apoyan a sus amigos, por lo que a más amigos, más votos. Lo que está claro es que el nivel de seriedad es estándar FIFA.

-QUIENES NO LO GANARON-

Para cerrar, quiero hacer hincapié en lo injusto del carácter de este premio poniendo el foco sobre aquellos que nunca lo obtuvieron, a pesar de haberlo merecido sobradamente. Por un lado, el hecho de que hasta 1995 el certamen era solo para europeos implica que dos de los más luminosos astros de este deporte, Edson Arantes ‘Pelé’ y Diego Armando Maradona, no lo tienen en sus vitrinas. Es de perogrullo que este hecho necesariamente implica la devaluación brutal del prestigio de dicho título. Además, por circunstancias varias, generalmente ligadas al turbio proceso de elección y muy especialmente a la bochornosa falta de unos principios claros y de consenso que guíen el sentido del voto, ha habido futbolistas irrepetibles a los que se ha infligido la injusticia de negarles el reconocimiento que merecieron. Dos casos sangrantes son los de Ferenc Puskas y Paco Gento: es cierto que del ‘Madrid de las cinco copas’, Alfredo Di Stéfano y Raymond Kopa ganaron el Balón de Oro, pero la exclusión del cañonero húngaro que marcó cuatro goles en el conocido como ‘mejor partido de la historia’ (la final de la Copa de Europa 1960 Real Madrid 7-3 Eintracht) y del capitán del Real Madrid que logró la proeza inalcanzable de ganar seis Copas de Europa, es un dislate muy difícil de justificar. Es lamentable además la escasa presencia de defensas entre los ganadores, y la presencia solitaria del portero Lev Yashin: devalúa al fútbol como deporte reducir su importancia a las posiciones ofensivas, y denigra sin razón a quienes sostienen al equipo y en ocasiones tienen actuaciones decisivas que deciden triunfos y campeonatos. ¿Si Matthias Sammer y Fabio Cannavaro merecieron el Balón de Oro, como pueden no tenerlo Paolo Maldini y Franco Baresi? En casa, los madridistas aún recordamos con amargura como le birlaron la esfera dorada a Raúl González, que tras ganar tres Copas de Europa -con gol en la final de dos- y dos Copas Intercontinentales en cinco temporadas, debió ver como le arrebataba el trofeo Michael Owen en uno de los desenlaces electorales más bochornosos de la ridícula pantomima que constituye la entrega del premio. No es menos sangrante que se vayan o se hayan ido sin llenar este hueco en su vitrina futbolistas tales como Iker Casillas, Gianluigi Buffón, Romario, Zico, Enzo Francescoli o Xavi Hernández.

Como digo, un premio bobo que solo le interesa a los bobos; y con el que cada año el estamento deportivo y la prensa nos bombardean con estúpidas cábalas y consideraciones injustas sobre como discernir el talento individual en un deporte eminente y orgullosamente colectivo. De pequeño, en el equipo de fútbol del colegio te enseñan los valores de la generosidad, la deportividad, la solidaridad y sobre todo: las virtudes del juego en equipo y el compañerismo. Eso es el fútbol que queremos y el que nos enseñaron.

El Balón de Oro es el opuesto: un feroz ejercicio de ambición, mercantileo e individualismo, regado con grandes dosis de ignorancia por parte de quienes más salvajemente desprecian los valores que hacen de éste un deporte muy especial. 

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Comments

  1. Yo creo que esta gansada tiene dos vertientes. La primera es la contradicción pura de dar un premio individual a los deportistas de un deporte de equipo. No tiene mucho sentido, esa es la verdad. Pero si los redactores de una revista, los miembros de una peña o los parroquianos de una taberna deciden votar quién les gusta más, tampoco hay por qué impedírselo. Que hagan lo que quieran y que paguen lo que beban. Donde la cosa se pone realmente insoportable es en la segunda vertiente, la institucional. Que la gansada la haga la FIFA es inaceptable. En términos coloquiales muy conocidos, todos sabemos que no se puede orinar en la piscina, pero lo que resulta radicalmente inaceptable es hacerlo desde el trampolín. La FIFA tiene que hacer exactamente lo contrario: recordar a todo el mundo la frase de Di Stéfano: “el mejor jugador del mundo no es superior a su equipo” y promover los valores del juego en equipo. La FIFA sin embargo parece estar más al oro que a otra cosa.

  2. El tío Canduterio : enero 13, 2016 at 2:04 am

    Totalmente de acuerdo. El drama del fútbol es que la FIFA no es ejemplo de nada, tiene a toda su cúpula con pie y medio en la cárcel y ha demostrado además ser víctima de la corrección política que invita a tratar a todos por igual: un buen ejemplo es el Mundial de Clubes en el que FIFA incluye equipos patéticos de cada continente, y otro ejemplo irritante es que una gran porción de los electores sean gente que vive a miles de kilómetros de Europa, que no ha visto jugar a los candidatos ni cinco veces al año.

    Con todo, no se puede obviar la palabra clave: dinero. Si hay dinero de por medio, interesa. Si no lo hay, no sé ni de qué me habla. No olvidemos que vamos a ver un Mundial en el verano catarí…

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