La Década Ominosa del Madridismo

La Década Ominosa del Madridismo

En la historia se conoce como Década Ominosa a la restauración absolutista que acontece tras la ejecución de Rafael de Riego, la abolición de nuestra Pepa bonita (Constitución Española de 1812) y la recuperación del trono de España por parte de Fernando VII. Ciertamente, la década que transcurrió entre 1823 y 1833 fue un momento trágico de nuestra historia, marcado por la represión y en el que España perdió definitivamente el tren de la modernidad, tras las esperanzas que surgieron al calor del Trienio Liberal (1820-1823). España perdió su lugar en el mundo, y en muchos aspectos aún lo estamos buscando.

De la misma manera, creo que el Florentinato puede calificarse cómodamente como la Década Ominosa del Madridismo sin correr el riesgo de caer en exageraciones. Es evidente que hay dos ‘Madrís’: el de antes de Santiago Bernabéu en el que éramos un humilde equipo de barrio en un deporte que estaba en pañales, y el Real Madrid a partir de don Santiago en el que nos erigimos hasta la actualidad como el equipo más laureado de la historia, el mejor embajador que jamás ha tenido España y la institución deportiva más famosa, respetada y prestigiosa de todos los tiempos. Pues bien, desde la llegada a la Presidencia del Club de Santiago Bernabéu en 1943, el Real Madrid no ha conocido periodo peor que el calvario por el que pasamos desde el año 2002.

La imagen de nuestro centenario club ha sufrido un desgaste imparable, cediéndole terreno al eterno rival en prácticamente todas las facetas imaginables: cada día más chavales son del Barça y menos son merengues, y esto es fácilmente comprobable con dos paseos por el centro de cualquier ciudad del orbe. Pero además, la gestión económica de Florentino (tan alabada por muchos), es desastrosa: ha triplicado la deuda del club a pesar de haberse desprendido de activos tan valiosos como la ciudad deportiva de Plaza de Castilla y el pabellón Raimundo Saporta, en el pelotazo urbanístico más famoso de la historia de la capital. Florentino ha dilapidado más de 1200 millones de euros en jugadores a menudo mediocres, y que en ningún caso han dado el rendimiento esperado. Florentino ha tirado de chequera movido por impulsos y caprichos, sin ceñirse nunca a un plan a largo plazo y sin atender las peticiones de los 9 entrenadores que en sus 12 años al cargo de la gestión del club han vagado por la banda del Bernabéu sin más rumbo que las ventoleras presidenciales.

Han sido 12 años durísimos en los que el Barça ha recortado tanto la distancia (anteriormente sideral) en trofeos entre ambos equipos, que en varias estadísticas los culés ya están a la cabeza: hemos ganado una Copa de Europa por cuatro del FC Barcelona y no solo hemos permitido que por primera vez en la historia de dicha competición el mayor goleador no sea madridista (Di Stéfano, Raúl, C. Ronaldo), sino que además debemos soportar la humillación de que sea Leo Messi. Más aún, hemos permitido que el argentino se acerque peligrosamente al otrora imbatible récord de Paco Gento, que ganó la ‘orejona’ en seis ocasiones, y hemos permitido al Barça disputarnos los números del Balón de Oro. Año tras año, y a pesar de imputaciones (Rosell, Bartomeu), fallecimientos (Vilanova), broncas (Ibrahimovic, Eto’o, Deco, Ronaldinho), enfermedades (Abidal) jubilaciones y marchas (Puyol, Xavi, Valdés, Pedro) y una desenfrenada rotación en el banquillo (Rijkaard, Guardiola, Vilanova, Roura, Martino, Luís Enrique), el Barça nos ha humillado con goleadas apabullantes que nos desnudan ante un planeta que se ríe hirientemente con nuestro inútil despilfarro; con nuestra obscena demostración de altanería y nuestra irritante similitud con un nuevo rico que se deja engañar por todos y acaba pagando la mula a precio de purasangre.

No obstante, y aunque el panorama deportivo y económico se vislumbra AzulOscuroCasiNegro, peor es la erosión institucional de un club que bajo el mandato de Pérez ha reprimido, y castigado al socio hasta arrinconarlo en una esquina en la que nos hayamos acongojados y carentes de derechos: la modificación de los estatutos del club para impedir que ningún socio con menos de 20 años de antigüedad pueda presentarse a la Presidencia es una cacicada sonrojante, que no tenía más intención que dejar fuera de juego a Vicente Boluda, puesto que el naviero valenciano pretendía disputarle el trono a Florentino pero solo era socio desde hacía tres lustros- paradójica prohibición dado que Boluda ya ha presidido el club con carácter interino. Florentino maneja una Asamblea de Compromisarios elegidos en un proceso más que dudoso en el que es casi imposible obtener asiento sin el favor de las peñas del club, a las que Florentino agasaja con prebendas y privilegios que costeamos todos los socios, asegurándose que apoyen sus represoras medidas que hacen casi imposible la convocatoria de elecciones, pues nadie cumple los requisitos legales respecto al aval, y además la antigüedad demandada.

Dice Florentino que solo pretende “proteger al club de la llegada de algún jeque”. Si por jeque entendemos un millonario caprichoso y dispuesto a despilfarrar que utilice al club como un juguete y lo convierta en su cortijo, creo que usted es el jeque, Presidente Y además no despilfarra su dinero, despilfarra el nuestro. No le vamos a perdonar la Década Ominosa de humillaciones, despropósitos e inexplicables dispendios que nos ha hecho sufrir y que nos ha dejado en pelotas ante un mundo que antes nos respetaba. Nos admiraba. Nos temía. No le vamos a perdonar el daño irrecuperable que le está haciendo al club de nuestros corazones, y vamos a exigir su dimisión en cada partido en el Santiago Bernabéu. Ya no basta la defensa babosa que Florentino se procura en los medios de comunicación a golpe de talonario: su gestión ya no tiene defensa bajo ningún parámetro y aquellos cánticos durante el último Clásico fueron una bocanada de aire de una masa social exhausta tras años de decepciones que ve por fin la luz al final del túnel en el que usted nos tiene encerrados. Saldremos.

Share

Deja un comentario