Engrandecieron el fútbol VII: Carlos Bianchi

Engrandecieron el fútbol VII: Carlos Bianchi

No puedo sino ponerme simbólicamente en pie para hablar de Carlos Bianchi. Me levanto como futbolero porque El Virrey tiene el reconocimiento de todo el mundo del fútbol como uno de los más grandes técnicos de todos los tiempos, me levanto como xeneize porque lo soy gracias a él y me pongo en pie como madridista, porque nos derrotó. El Real Madrid forjó su leyenda observando religiosamente los preceptos que le hicieron grande; porque más allá de ser el club más célebre y exitoso de todos los tiempos, el Madrid es una institución que ha trascendido los límites de lo deportivo para constituirse en un referente moral para generaciones enteras de seres humanos que han visto en nuestro club al estandarte de las buenas formas, la caballerosidad y el honor. Acorde a este legado inabarcable y a nuestra centenaria tradición como club señor, a la vanguardia de todos los entes deportivos del mundo, los madridistas tenemos a gala reconocer con los honores que se merecen a quienes justamente nos vencieron .

No ha sido el Real Madrid un club frecuentemente vencido, más siempre nos hemos caracterizado por la dureza y la perseverancia de quienes vistieron la blanca zamarra del gran club de Castilla y por esa afición de fe inconmensurable que lleva por el mundo la bandera de Juan Gómez González y su carácter bravo e infatigable; aquel que le valió para entrar en los anales de la historia con el mote que le puso un estadio para el que está eternamente consagrado como el gran ídolo del madridismo: Juanito, el 7 maravilla. Somos los madridistas, como digo, gente de honor: masa social de ese club de leyenda en el que “veteranos y noveles miran siempre sus laureles con respeto y emoción”. En esta condición, somos gente más honorable si cabe por saber respetar y admirar los laureles de esos pocos elegidos que han sido capaces de apearnos del caballo de la victoria sobre el que cabalgamos al galope siguiendo la senda triunfal que nos marcó con su ejemplo permanente el hombre más importante de la historia del deporte, Santiago Bernabéu. Uno de esos pocos elegidos; uno de esos privilegiados hombres de fútbol que nos han dado a probar el amargo sabor de la derrota merecida es Carlos Bianchi.

De hecho, de cuántos nos mandaron a la lona, ninguno tiene mi reconocimiento de manera más explícita que el legendario entrenador argentino, uno de los más grandes ídolos de una niñez en la que su Boca Juniors pulverizó mis sueños en las navidades del año 2000. 

Corría el comienzo del verano de 1998 y yo no tenía todavía 6 años cuando el Real Madrid ganó la Séptima. Ignorante de mi, no supe apreciar la importancia colosal de aquella gesta con la que el Real Madrid salía de un desesperante letargo de 32 años: más de tres décadas tras las cuales sacábamos la cabeza del agua y respirábamos una gran bocanada de aire según Manolo Sanchís -padre e hijo- se asomaban en la puerta de un avión de Iberia en Barajas con la ‘orejona’ entre las manos. Ignorante, pero no tonto, yo estaba encantado viendo las calles engalanadas y a mi Madrid celebrando aquello: vi un montón de veces aquella secuencia en la que Pedja Mijatovic se adelanta -sin fuera de juego, que os conozco- a la zaga juventina, la empuja a la red y corre ‘esprintando’ hasta la banda señalando con el dedo a Fernando Sanz, que le había vaticinado que marcaría el gol de la victoria. Eran los mejores años del Real Madrid moderno y fue un lujo crecer frecuentando a la Diosa Cibeles por tantos éxitos, entre los que destaca la Octava, ganada dos años después. Tras la Séptima había llegado la Copa Intercontinental de 1998, ganada con el mítico ‘gol del aguanís’ de Raúl ante el Vasco Da Gama, por lo que este inocente muchacho de 8 años daba por hecha la consecución de nuestra tercera Intercontinental cuando se supo que el campeón de la Libertadores de ese año -y por tanto nuestro oponente- era el -para mi desconocido- Club Atlético Boca Juniors.

Nos hicieron trizas. 

a_bianchi_300Boca nos pasó por encima. Nos avasalló. Lucieron un potentísimo contraataque que se sustentaba en futbolistas jóvenes y muy veloces que nos hacían mucho daño por las bandas y lo fiaban todo en el último pase al talento de un extraordinario chavalillo que eventualmente se convirtió en la estrella que es hoy Martín Palermo. Aquel Boca Juniors tenía un centro neurálgico indisimulable en la figura de otro prometedor desconocido hoy conocido por todos: Juan Román Riquelme. Éste último ha sido notorio no solo por su talento descomunal, sino también por sus rifirrafes con múltiples entrenadores; no así con el cerebro de aquel equipo, que conseguió meter en cintura a Riquelme y convertir en su prolongación en el campo. Ese era Bianchi, y aquella mañana en la que vi a mi Madrid morder el polvo por primera vez en mis 8 años de vida me hice de Boca para siempre. Fue una impresión tremenda la manera en la que El Virrey consiguió que una plantilla de jovencísimos futbolistas sin experiencia derrotase a aquel portentoso Real Madrid que venía de ganar dos veces la Copa de Europa en tres años, así que sin poder decidir nada, mi corazón dictó que mi segundo equipo sería Boca. Hoy, 15 años más tarde, Boca atraviesa momentos menos luminosos y es el eterno rival -River Plate- quién disputa la corona del fútbol mundial, pero yo sigo siendo bostero por aquellos años maravillosos que nos regaló Bianchi.

bocaAños gloriosos para el Xeneize en los que el club de la ribera dominó con puño de hierro el fútbol sudamericano engordando su palmarés con múltiples trofeos que lo aúpan al olimpo de los clubes más exitosos de todos los tiempos. Años que yo pasé ingeniándomelas como podía en aquellos prematuros pasos de internet y la televisión internacional para ver -siempre a altas horas de la mañana- los choques cruciales de Boca. Años en los que, bajo la batuta del Virrey el gran club de Buenos Aires se convirtió en una máquina de generar talento: Juan Román Riquelme, Martín Palermo, Carlos Tévez, Walter Samuel, Nicolás Burdisso, Guillermo Barros Schelotto, Walter Gaitán, Rolando Schiavi, Marcelo Delgado… Tantos futbolistas brillantes que triunfaron en Europa y América salieron de la mente de Carlos Bianchi que su labor impulsando la potente cantera de Boca y poniendo en valor al siempre prolífico fútbol argentino permanece en la memoria de los aficionados con admiración y agradecimiento, porque realmente Bianchi es el padre de toda una generación de futbolistas -e hinchas- argentinos que crecieron a su vera en los años en que hizo de Boca un club campeón. No factualmente campeón, sino psicológicamente campeón; sentimentalmente campeón: inculcó a hinchada, plantilla y dirigencia la actitud de los grandes equipos europeos, convirtió a Boca en el Real Madrid de América en tanto le permitió desarrollar el gen que cultivó Santiago Bernabéu y que hace del Madrid un club emocionalmente ganador, mentalmente ganador: un club que se mira al espejo y se ve cubierto de laureles.

En 2004 puso fin a su periplo en Boca, pero dejó tras de sí el inconmensurable legado de quién acometió una auténtica revolución en el seno de un club al que cambió para siempre y para el que consiguió las tardes más gloriosas de su historia: ganar 3 Libertadores, 2 Intercontinentales, 3 Aperturas y 1 Clausura en 5 temporadas es una gesta que demuestra que hablo de uno de los técnicos más extraordinarios de todos los tiempos. Con Bianchi, la Bombonera de Buenos Aires rugió con más fuerza que nunca, y el barrio de la Boca se erigió en la metrópolis desde la que se conquistaron todos los campos de América y sus trofeos más prestigiosos. En suma, le recuerdo puesto simbólicamente en pie, porque engrandeció el fútbol.

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Carlos Bianchi ha dedicado casi 50 años al fútbol, en los que recorrió Argentina, Francia, España e Italia como jugador, entrenador y mánager de ocho clubes diferentes. Aunque estuvo en múltiples de ellos más de una vez y durante varios años -Stade Reims, PSG, Vélez Sarsfield- y a pesar de no haber jugado nunca para Boca, su labor en este club entre 1998 y 2004 es tan incomensurable que casi eclipsa a todos los demás éxitos de su larga y prolífica carrera. Llevó a Boca a vivir el periodo más laureado de su centenaria historia en el que no se cansó de coleccionar títulos individuales y colectivos. Hombre metódico, sereno, carismático y dedicado a la gran pasión de su vida, ganó como jugador de Vélez Sarsfield el Campeonato Nacional Argentino y obtuvo como técnico este impresionante palmarés:

-4 Torneos Apertura y 3 Clausura del fútbol argentino

-4 Copas de los Libertadores de América

-3 Copas Intercontinentales

-1 Copa Interamericana

-5 veces el Premio al Entrenador del Año en Sudámerica (1994, 1998, 2000, 2001, 2003)

-Premio World Soccer al Mejor Entrenador del Mundo (2000)

-Premio al Mejor Entrenador del Mundo otorgado por la Federación Internacional de Historia y Estadística del Fútbol -IFFHS (2003)

 

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