John Williams: La Banda Sonora de tu vida

John Williams: La Banda Sonora de tu vida

Cuando uno compra una entrada para ver la última película de Star Wars, no paga los 12 euros para escuchar a John Williams. Es más, puede que alguno siga pensando que John Williams es un famoso cocinero o una estrella de la NBA, pero se sorprenderá cuando le diga que lleva escuchando su música toda la vida, y que se sabe de memoria más de una de sus magníficas obras.

Si le digo que piense en la famosa saga “Indiana Jones”, creada por el director George Lucas, tras imaginarse a Harrison Ford saliendo airoso de múltiples situaciones de vida o muerte, seguramente la recordará. Sí, la canción que está sonando en su cabeza y que no le dejará en paz hasta el final del día es una de tantas composiciones del maestro John Williams, considerado por muchos el compositor de música de cine más influyente de todos los tiempos.

Entre sus bandas sonoras más relevantes, además de las ya mencionadas, cabe destacar Tiburón (1975), Superman (1978), E.T. (1982), Parque Jurásico (1993), la Lista de Schindler, o Harry Potter y la piedra filosofal (2003), varias de las cuales son a día de hoy auténticos clásicos de la banda sonora.

Para comprender la relevancia del aclamado compositor, conviene traer a colación una conversación entre Williams y Steven Spielberg en relación con su película “La lista de Schindler”. Tras un primer visionado de la película, John Williams le aseguró a Spielberg que iba a necesitar un compositor mejor que él para una película de tal envergadura, a lo que el director le contestó: “lo sé, pero están todos muertos”. Williams ha logrado como pocos combinar la excelencia y complejidad de la composición clásica con ese carácter fílmico que permite al espectador entender mejor la obra cinematográfica a través de la banda sonora, y a pesar de ser consideradas obras populares, muchas de sus piezas musicales son interpretadas a día de hoy de manera independiente por las mejores orquestas del planeta.

Sin ir más lejos, el pasado 25 de Diciembre tuvimos la suerte de asistir al “Homenaje a John Williams” que el joven Lucas Vidal dirigió en el Teatro Real. Acompañado por la Barbieri Symphony Orchestra, y con la participación de artistas como Leticia Moreno (violín), Russian Red (voz), Carlos Wernicke (guitarra) o el mago Jorge Blass, Vidal hizo disfrutar a una sala llena hasta la bandera de las más emblemáticas obras del compositor neoyorquino, combinando música en directo, imágenes de las películas, magia e incluso “Sand Art” (arte con arena), en un completo espectáculo que hizo reír en incluso llorar a un público en el que se pudo entrever a muchos niños que no pudieron ocultar su sorpresa cuando vieron a E.T. tocar el piano en los momentos finales del concierto. Sin duda, una manera original de celebrar el día de Navidad recordando lo que puede considerarse la banda sonora de nuestra vida.

Según informaron los productores del evento, habrá nueva edición en 2016. Ya sea usted un adicto a la música clásica o de los que no saben qué tipo de instrumento es un clarinete, este atípico evento le ofrecerá una perspectiva diferente del cine de toda la vida, y le asegurará un rato divertido junto a los suyos. Eso sí, prepárese para dos días sin parar de tararear.

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Comments

  1. ¡Interesantísimo! Querido Pura Vida: espero un post tuyo en el que abundes en el asunto del desplazamiento de la obra artística. Ya he visto apuntado en algún sitio que el arte pictórico de nuestros días no está en ARCO, sino en la publicidad, en las carpetas de los discos, en los muros de las calles… Igualmente, algunas películas tienen bandas sonoras de gran calidad y aceptación popular. Entretanto, la música o la pintura contemporánea (por no hablar de performances o instalaciones) parecen confinadas al reducto de “culturburgo” (Tom Wolfe dixit). Los grandes artistas del pasado siempre aspiraron a un público popular. Permaneceré atento a tus posts

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